Holy – good

UNO

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Cine Hollywood. Fuente: blog “Colombia & България

En los años setenta y ochenta, anacondas humanas se enroscaban alrededor de ese gigantesco cuerpo de cemento en cuyas entrañas habitaba el cine Hollywood.

Cada escama de la culebra tenía ojos, piernas y un sexo anhelante, pero, pese al prejuicio, los espectadores no eran perversos violadores o proxenetas en decadencia, más bien se trataba de empleados públicos a los que sus jefes, diputadillos o ministretes, opacaban hasta el punto de convertirlos en borrones del libro de la vida.

Por aquellos años había libre ingreso para las mujeres y ellas, como vetas de oro, sobresalían con sus faldas cortísimas entre el tropel de funcionarios con la corbata tan perfectamente anudada que parecía una horca.

Putas”, les decían las señoronas a aquellas vetas de oro y quizás era cierto, el caso es que nunca se pudo comprobar que una hiciera sus negocios dentro del cine o eso es lo que repetían hasta el cansancio administradores y porteros.

En pleno siglo veintiuno las mujeres dejaron de ser admitidas para evitar líos con la policía. Las beatas de los setenta hubieran estado felices, pero su victoria llegó tan tarde que, si estaban vivas, ya ni siquiera les importaba.

Antes, en los sesenta, no solo que podían ingresar las féminas, sino que vedettes colombianas o argentinas preparaban presentaciones para el Hollywood provocando felicidad inenarrable en solitarios onanistas y grises funcionarios que buscaban combatir su estrés laboral con piernas y nalgas.

Las anacondas humanas reptaban sobre las diminutas veredas de las calles Guayaquil y Espejo a cualquier hora, pero entre las doce y las cinco de la tarde era el momento preferido para hundirse en las butacas.

Pasadas las seis, el voyeur, si quería quedarse, debía mutar en masoquista, pues el sector se llenaba de malandros incapaces de respetar el éxtasis ajeno.

Para el hombre de la taquilla casi ninguno de sus visitantes era un misterio. Desconocía sus nombres, pero sus caras eran muy familiares: los amantes del Hollywood eran asiduos.

Algunos sufrían de timidez. Casi siempre sus ojos miraban el piso, entregando la boleta sin levantar la cara. Otros, desafiantes, contemplaban a los empleados con una sonrisa burlona, y también había indiferentes que, sin duda, eran los más llamativos porque no había sombra de felicidad, tristeza o vergüenza en sus expresiones.

Impenetrables, acudían al cine con la misma frialdad con que un contador despachaba una tarea desagradable. Era imposible no preguntarse sobre su vida: ¿serían infiltrados, gente contratada para averiguar si se producían actos ilícitos dentro del cine? O ¿era gente sin nada que hacer y que iba únicamente para no estar sola o, lo que es peor, acompañada por alguien a quien no querían?

Mientras tanto, en la sala de proyecciones, el encargado se aseguraba de que las cintas estuvieran en buen estado, pues, en caso de enredarse, se verían obligados a suspender la función por minutos u horas.

En medio de esos percances, la gente se volvía loca, era capaz de lanzarse por los pasillos iluminados con luces rojas en busca del técnico para hacerle pagar con su vida por el corte. Es natural, esas personas quedaban truncadas en su camino al éxtasis.

De todas maneras, aquello era una rareza. El encargado era un experto en manipular los rollos de película y si hubo suspensiones, ciertamente no fue por su ineficiencia.

La peor tarde se produjo cuando un anciano sufrió un infarto en medio de cierta función y los servicios médicos solo lograron llegar para verlo muerto sobre la alfombra sucia.

El resto de asistentes no le dieron asistencia al verlo colapsar, solo se pusieron a huir como si temiesen contagiarse con alguna peste.

“Es que temen ser reconocidos…”

Lea otra crónica sobre el cine Hollywood en Caja Negra.

DOS

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“La musa” pide cédula para entrar al cine. Fuente: Deskgram Cristhian Parrado.

El declive fue vertiginoso. Podría culparse al VHS, al DVD, al internet o a cualquier otro adminículo de origen extranjero capaz de reducir la distancia entre el sexo en audiovideo y los espectadores circunstanciales.

La razón, sin embargo, es el aburrimiento.

En otro tiempo ir a ver pornografía en el cine era un acto de rebeldía, un escupitajo en la cara de los pacatos, pero, con el pasar de los años, lo que dijeran las beatas o los curas dejó de importar, tanto que ambas especies se convirtieron en fieras con peligro de extinguirse.

La gente, si bien seguía siendo hipócrita ante el sexo, ya no se tapaba sus ojitos para no disfrutar las delicias del pecado.

Por la ausencia de público, los dueños del cine Hollywood y de su primo hermano, el América, se vieron obligados a despedir empleados y la panza de la bestia de cemento y celuloide se vació.

El hombre de la boletería pasó a cumplir funciones de acomodador y hasta técnico de proyección. Empresarios y últimos empleados asistían con un silencio resignado a la derrota de su gigante.

Los espectadores eran una luz en el ocaso. Su número se redujo de forma considerable con el transcurso de los años, es cierto, pero unos veinte o quizá treinta se rehusaban a abandonar el barco, manteniéndose fieles desde los años sesenta.

Estos hombres, ahora vetustos como las alfombras del cine, parecían amantes que, víctimas de la costumbre, habían quedado ligados al celuloide y la llegada de internet o del blu – ray no consiguió librarlos de su maldición.

Estos hombres perdieron mucho tiempo atrás la vergüenza. Cuando alguien les plantaba conversación en el vestíbulo del cine, impasibles, respondían como en medio de un despacho del Ministerio de Comercio Exterior.

Se trataba de vejetes con anteojos gruesos y piel pálida que no se atrevían a comprar celulares por un pánico cerval a las  pantallas táctiles.

Por aquellos años, fue que las mujeres quedaron vetadas del cine. Los vecinos del sector se quejaban de que las prostitutas entraban con sus amantes de ocasión para ahorrarse el costo del motel o simplemente porque las urgencias no permitían llegar a ninguno.

“¡Eso un puterío!”, “¡este es un barrio decente!”, “¿adónde vamos a parar así?”

Lo cierto es que el cine había funcionado sin problema conviviendo con la decencia del barrio por seis décadas. Sobrevivió a las beatas y a las feministas new age, sin embargo, la pornografía en discos piratas cerraba poco a poco un lazo sobre el cuello de los dueños del cine y el escándalo con la policía habría sido el fin del fin.

Evitar que las mujeres, putas o no, entraran al cine era una estrategia desesperada para prolongar la agonía del Hollywood, gigante de cemento que, huérfano de la anaconda, sobrevivía a trompicones entre burlas y saldos en rojo.

TRES

Su fin llegó al mismo tiempo que el auge de los cines de centro comercial. Aquel fue el puntillazo en el lomo de la bestia de celuloide que ya no podía adaptarse al nuevo tiempo.

Las autoridades exigían que los administradores instalaran parqueaderos gigantescos, con espacio para trescientos vehículos, pese a que los asistentes no llegaban ni a cien.

Querían múltiples puertas de escape cuando en el centro de la ciudad tumbar una pared hubiera significado el derrumbe de la construcción entera y acaso de las aledañas.

En octubre de 2017, mientras en los cines de centro comercial se estrenaba el último blockbuster de Marvel y la gente se apilaba en las salas con formato imax, los últimos trabajadores del Hollywood recibían los papeles de su liquidación.

Entre octubre y noviembre, los asistentes acudieron a ver viejísimas películas porno italianas de los setenta con la tristeza propia de un funeral. Eran los muñones de esa anaconda que, ahora, estaba cómodamente sentada en una sala con aire acondicionado y sonido estéreo viendo a un Thor convertido en esclavo después de la aniquilación de su planeta.

Los viejecitos no iban a abandonar a su creatura de celuloide (uno de los pocos cines de contenido puramente erótico en el país) hasta que respirara su última bocanada de aire.

Los gemidos de las italianas de la película parecían los de la sala entera que abandonaba la vida entre quejidos y erecciones como dicen que les sucede a los ahorcados. En este caso, el estrangulamiento no se hacía con sogas, sino con deudas.

El médico forense, sin embargo, habría de escribir en el parte mortuorio que la verdadera causa de muerte fue el paso del tiempo que aniquila a hombres y cosas que son incapaces de adaptarse al cambio.

Ayuda a las víctimas del terremoto de Ecuador

Imagen de Twitter sobre los destrozos del terremoto.

Imagen de Twitter sobre los destrozos del terremoto.

Ayer, 16 de abril de 2016, alrededor de las 19 horas, la tierra tembló en Ecuador. El epicentro del terremoto fue en la costa del país, entre las ciudades de Pedernales, Santo Domingo y Esmeraldas. La magnitud: 7.8 puntos en la escala de Richter.

Es una tragedia que ha dejado devastadas a varias poblaciones especialmente en la región costera.

El epicentro del terremoto de Ecuador

El epicentro del terremoto de Ecuador

Como sucede en estos casos, surgen una serie de iniciativas en las redes sociales para ayudar a las víctimas, lo que es muy respetable, aunque lamentablemente la mayoría terminan siendo tan inocuas para los que las necesitan como riesgosas para los que las proponen por la desorganización y la falta de una coordinación seria.

En esa medida, el blog La rue Morgue decidió poner a la disposición de todos los amigos que están dentro y fuera del Ecuador algunas herramientas y nombres de instituciones a través de las que se puede canalizar la ayuda.


Para los familiares de los desaparecidos:

Cruz Roja Ecuatoriana: lo más recomendable; llena el formulario como se indica en la página enlazada y envíalo por correo electrónico.

El “People Locator” de la U.S. National Library of Medicine, que ha creado una página especial para el rastreo de los desaparecidos. Una herramienta muy buena.

Localizador de personas de Google: herramienta de este buscador de internet donde se puede ingresar información de personas que se han encontrado y de personas que se buscan en las regiones afectadas por el terremoto.

#DesaparecidosEC: un “hashtag” de Twitter en el que se puede difundir fotografías de los familiares desaparecidos. El alcance de esta herramienta es muy alto, pero se recomienda tener discreción porque no toda la información es rigurosa. De todos modos, es una alternativa que manejada con precaución puede ser muy útil.


Para la gente que quiere ayudar:

Las donaciones en dinero – en cualquier parte del mundo – se pueden realizar a través de la Cruz Roja, utilizando PayPal, en el sitio oficial que la organización ha habilitado para tal fin: ¡NO ESPERES MÁS, HAZLO YA!


 

El Ministerio de Inclusión Económica y Social también activó varias cuentas y mecanismos de ayuda. El primero se puede realizar a través de depósitos en efectivo desde Ecuador o desde otros países:

Los números de cuentas y los bancos a través de los que se pueden hacer los donativos.

Los números de cuentas y los bancos en los que se pueden hacer los donativos.

El segundo mecanismo es la donación de comida, ropa, etcétera:

donación objetos

Las cosas que se pueden donar y las direcciones.

donaciones direcciones

Sectores Donación

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La UNICEF Ecuador también está ayudando a los ecuatorianos y recibe donaciones. El teléfono de contacto es: 1800 500 100.

unicef


El Partido Izquierda Democrática también mantendrá un centro de acopio de donaciones en Quito, en su sede nacional (calles Polonia y Vancouver), a partir del lunes 18 de abril.

donaciones izquierda democrática


Otros puntos que estuvieron activos en Quito, coordinados por el Patronato Municipal San José, son:

voluntarios Quito

Si quieres ser voluntario puedes ponerte en contacto con la institución telefónicamente al 022283915, en la extensión 112, pero recuerda que debes estar listo para correr riesgos y enfrentar situaciones y escenarios difíciles; si no crees que eres capaz, es preferible que dones o ayudes a catalogar los materiales antes de que sean transportados. ¡Se puede cooperar mucho sin salir de la ciudad!


Finalmente, La rue Morgue recomienda tomar con precaución la información que se obtiene a través del internet y recurrir a las alternativas arriba mencionadas para canalizar la ayuda, toda vez que no todo lo que se lee en la red es confiable y seguro.

Minutos después del terremoto se desperdigaron noticias sobre posibles tsunamis, cataclismos sísmicos nuevos a nivel continental, conspiraciones internacionales imperialistas y hasta invasiones extraterrestres, todas – se supone – relacionadas con el desastre. Lo cierto es que ninguna merecía la menor atención, pero provocaron pánico adicional.

Hay que tener en cuenta que el activismo de redes sociales a veces es poco serio o sensato y suele provocar más daños, pese a las buenas intenciones que pueda tener (cuando las tiene)…

Último día como librero

Dos caras de la misma moneda (parte 1).

Aquel 7 de marzo cumplí 32 meses en el oficio de librero.

londonreview_2La tienda parecía un horno, vendedores y libros nos cocinábamos a fuego lento, víctimas del verano prematuro. Apenas hube cruzado la puerta, me dediqué a acomodar algunos volúmenes en la sección de literatura. Distraído, tomé una novela de Roncagliolo, pero fui incapaz de lograr que palabra alguna quedara en mi memoria.

“¿Tiene grapadoras?”, dijo, de repente, un sujeto sin siquiera atravesar la puerta. Negué, no tenía intención de explicarle que aquello era una LIBRERÍA.

Mi compañera de trabajo edificaba una pirámide con varios paquetes de las “Cincuenta sombras de Grey”, logrando que recordara cierto fotograma de “Ben – Hur” en el que un esclavo hebreo moría aplastado por las rocas con las que estaba construyendo el templo de Seti I.

Un comprador me detuvo mientras pasaba una franela sobre “El demonio del absoluto” de André Malraux, quería que le dijera por qué me dedicaba a vender libros “ahora que hay internet”. Le explique que aquel era mi último día – en otra época lo habría acribillado por la blasfemia –. Me felicitó.

Aparecieron dos señoronas que buscaban un libro para su “nietecito”. Quise saber la edad y me respondieron que aún no había nacido, pero que iba a ser inteligentísimo como su “papito”. Entonces, les vendí un librito del ratón Miguelito que soñaba con ser pintorcito.

La tienda se vació. El calor era cada vez más intenso, acaso la carne al carbón la vendíamos nosotros y no el restaurante “Vaco y Vaca” de enfrente.

Los minutos transcurrían con lentitud, tal vez porque yo no quería irme. Aquella tienda tenía mucho de mí: el orden de los libros, el tipo de literatura que predominaba e incluso la música.

Un niño y su madre entraron, dedicándose a extraer un ejemplar tras otro para luego, casi sin revisión, abandonarlos despiadadamente en un área a la que no pertenecían: infantiles en autoayuda, ciencias en esoterismo y literatura erótica en infantil. Cumpliendo con el trabajo de Sísifo, ordené el desorden como cientos o miles de veces en el pasado.

El libro del presidente Correa publicado en 2009 que Ecuador llevó como novedad a la Feria del Libro de Bogotá en 2011. Eso, no más.

El libro del presidente Rafael Correa publicado en 2009 y que Ecuador llevó como novedad a la Feria del Libro de Bogotá en 2011. Eso, no más.

El niño haló una de las mangas de mi camisa y me dijo que había leído el segundo libro de “Harry Potter y las reliquias de la muerte” y que “estuvo buenazo”. Lo miré maravillado, respondiéndole que yo acababa de leer la tercera parte de “El hobbit” y que también estaba buenaza. Luego, le vendí a su madre “Ecuador: de Banana Republic a la No Republica”, pues necesitaba un libro para entender el lenguaje de los adolescentes problemáticos. También pude ofrecerle algo de César Millán, pero no había en stock.

El calor solo se disipó en la noche, poco antes de que cerrase la tienda. Entonces, me atreví a entrar en la caja para revisar por última vez la computadora y los correos electrónicos institucionales. En la mañana había enviado un mensaje a los compañeros de otras tiendas de la cadena con mi despedida, sus respuestas me trajeron recuerdos de miles de libros, amigos y amores…

Al final, apagué las luces y mi compañera puso el candado en la puerta. Antes de despedirme de ella alcancé a ver que un libro se caía del anaquel de la vitrina.

“Mañana lo arreglas”, le dije y mi novia, que fue para acompañarme en el cierre de esa etapa, me tomó de la mano y sonrió.

Lea la segunda parte de esta crónica: “Primer día como profesor“.

El oscuro doctor en Letras

La

La “Divina comedia” en la edición preparada por don Enrique de Montalbán.

La primera vez que escuché hablar de don Enrique de Montalbán, doctor en Letras, fue por mi padre, quien me presentó uno de los volúmenes más preciados de su biblioteca: la “Divina comedia” de Dante, editada, según parece, en 1888 por la Librería Española de Garnier hermanos en París.

En aquel tiempo – yo tenía doce años –, estaba más interesado en los videojuegos, por lo que no compartí el entusiasmo de papá por el libro, el mismo que había llegado a sus manos como parte de la herencia de su tío abuelo, quien lo adquirió en la desaparecida Librería Sucre de la Plaza de la Independencia.

Mi padre sostenía que aparte de las ilustraciones de Yan D’Argent y los estudios introductorios, su mayor mérito eran las notas explicativas elaboradas por Montalbán.

La “Divina comedia” es un libro que, para ser apreciado en su justa medida, requiere aclaraciones acerca de la multitud de personajes citados por Dante, pues sus personalidades y conflictos con el poeta italiano son los que aportan sentido al poema.

Aproximadamente unos diez años más tarde, al leer la epopeya por primera vez, comprendí lo que papá había querido explicarme en el instante en que yo estaba ocupado con la nueva aventura de Donkey Kong para Game Boy.

Por las páginas de aquel volumen rojo desfilaban los Montesco y los Capuleto, acompañados de papas, reyes, filósofos griegos. Hombres y mujeres, alineados con los güelfos o los gibelinos. Homosexuales, genios, ninfómanas, corruptos, santos y asesinos, en pocas palabras, un mosaico completo de los principados italianos del Medioevo. Sin las notas de don Enrique de Montalbán solo un erudito historiador – y acaso ni él – podría entender las razones por las que las puertas infernales se abrían para unos y se cerraban para otros.

Bice Portinari, probable modelo de la Beatriz de Dante.

Bice Portinari, probable modelo de la Beatriz de Dante.

Leer solo las notas del doctor en Letras español es una aventura literaria e histórica. Cada nombre mencionado resume las pasiones de Dante y los prejuicios de la Edad Media. A través de aquellas descubrimos que el príncipe de los poetas italianos era un hombre como nosotros, a quien la política había marcado hasta el punto de convertirlo en un insultador exquisito, al tiempo que su alma de poeta le hizo consagrarse a una mujer, Beatriz, con la que, si existió, acaso jamás llegó a materializar su amor.

Pero ¿quién era don Enrique de Montalbán, doctor en Letras? Cuando terminé de leer el libro emprendí su búsqueda en internet, pero lo que encontré fue mucho más sorprendente que su conocimiento de la Edad Media italiana: ¡nada! Montalbán era un fantasma.

Por otro lado, la editorial que publicó el libro, Garnier Frères, había sufrido una serie de avatares, incluida la quiebra en 1983 y su posterior reubicación del número 6 de la calle de los Saints-Pères al número 6 de la calle de la Sorbonne. Mas, no existían datos en el sitio de internet sobre sus libros antiguos en español.

En noviembre de 2004, perdida ya la esperanza de hallar algún rastro de Montalbán, el Centro Virtual Cervantes colocó en su página web un artículo de Fernando Sorrentino sobre el doctor en Letras. La casualidad quiso que yo lo descubriera una mañana mientras buscaba cierta imagen del infierno de Dante para un texto en preparación. La sorpresa fue mayúscula: aquel jamás existió.

Antiguo edificio de la editorial de los hermanos Garnier en París.

Antiguo edificio de la editorial de los hermanos Garnier en París.

Los hermanos Garnier, vendedores astutos, decidieron fabricar a este erudito, convirtiéndolo en el autor de unas notas que no eran otra cosa que un plagio de la edición de la “Divina comedia” preparada por Manuel Aranda Sanjuán en 1868. La del doctor en Letras contiene variaciones mínimas que se reducen a cambios de palabras – parecido a lo que hacen algunos de mis estudiantes de Literatura al descargar información de internet para una tarea –, pero en esencia es la misma. Montalbán resultó ser un personaje más del libro de Dante.

En cuanto a los Garnier – quienes para sus ediciones españolas contrataron a figuras de la talla de los hermanos Machado –, sus colecciones de clásicos eran magníficas y aun hoy se siguen publicando en una versiónreload” de la editorial parisina, que ha abierto su mercado a los libros digitales y se dedica a la difusión y rescate de las obras antiguas en su biblioteca virtual.

Me pregunto qué habría pensado Borges sobre el caso de don Enrique de Montalbán y los editores parisinos. ¿Acaso aquello habría generado un cuento? No lo dudo.

La sombra de las “Cincuenta sombras de Grey”

Si no le pidieron el paquete con las esposas y el antifaz, usted no ha trabajado en una librería.

Si no le pidieron el paquete con las esposas y el antifaz, usted no ha trabajado en una librería.

Una pareja se acercó al mostrador de la librería; con tono misterioso, la mujer, una rubia de no más de veinticinco años, me dijo:

— ¿Tiene “Cincuenta sombras de Grey”?

Expliqué que solo me quedaba un ejemplar reservado para una cajera del Banco del Pacífico.

— ¡No importa! Lo que queremos es revisarlo, nada más, ¿se puede? Un ratiiiito…

Les entregué el libro y ambos se sentaron en el sillón de cuero rojo que se encuentra tras de la sección de autoayuda. Al poco, las carcajadas y los cuchicheos inundaban la tienda.

Yo, disimuladamente, me puse a escuchar su conversación:

— ¡Ja, ja, ja! ¿Te das cuenta de las pendejadas que lee tu mamá, mi amor? ¡Ja, ja, ja! ¡Cochinota! – decía ella mientras el muchacho, rojo como un tomate y sin dejar de sonreír, se tapaba los ojos tratando de no ver una realidad con la cara de su madre amarrada a un potro de torturas, esperando los azotes de Christian Grey en las nalgas.

Lo cierto es que más allá de las brillantes y siempre productivas discusiones sobre el valor cultural de este “best – seller”, lo cierto es que se trata de un fenómeno que ha impactado a una generación, la misma que pasó de no leer ni el periódico a devorar tres libros de seiscientas páginas con una avidez propia de un famélico, quien, después de no comer por semanas, encuentra un plato de macarrones con queso.

Las “Cincuenta sombras de Grey” para unos es maltrato hacia la mujer; para otros, una promesa de placeres secretos, basura, un tabú que hay que romper, romance o cursilería, pero la autora, E. L. James – un ama de casa nacida hace más de cincuenta años –, seguramente ve la trilogía con los mismos ojos con los que Pizarro contempló el cuarto lleno de oro entregado por Atahualpa.

Yo, por otro lado, al pensar en “Las sombras” recuerdo que justo cuando llegaron a Ecuador, empecé a trabajar en una librería y un buen porcentaje de los dodos literarios que he visto están relacionados con míster Grey y su esclava.

Sí, el escenario era algo así...

Sí, el escenario era algo así…

Cierta mañana, mientras me afanaba en el utilísimo trabajo de enfundar libros, un grupo de adolescentes disfrazados de personajes de cómic japonés entraron en la tienda; eran tres chicos, dos hombres y una mujer. Ella sostenía – literalmente – con una cadena a su novio, se acercaron al mostrador donde yo destruía la naturaleza con plástico y me preguntaron por una serie de “mangas” de cuyos nombres solo recuerdo que terminaban en “okoto” o “inata”. Luego del interrogatorio, la que llevaba al “perrito” – de metro ochenta de estatura – me dijo:

— ¿Y el paquete completo de las “Cincuenta sombras de Grey” cuánto cuesta?  Dicen que viene con un cuarto libro que cuenta la versión de la chica

Otro día, una seguidora de míster Grey me atrapó colgado de una lámpara cambiando un foco.

— Verá: no es para mí… O sea, una amiga me mandó a preguntar… O sea… A ver: ¿cuántos años debo, ejem… debe tener para comprar el libro? ¿Se puede con doce? ¿Le dije que era para una amiga, no?

Kamasutra de Grey

Sí, realmente existe “El kamasutra de Grey” y es casi tan aburrido como el libro que lo inspiró.

Y eso por no hablar de la ocasión en la que cuatro colegialas me acorralaron contra el estante de libros de Osho preguntándome si había leído “El kamasutra de Grey” y si creía que una chica aún virgen podría utilizarlo con su novio en la “primera vez”.

La leyenda dice que muchos libreros murieron aplastados cuando amas de casa desesperadas acudían como una manada de ñus a las tiendas para destruir los estantes en su desesperada búsqueda de las tangas de míster Grey; mientras que en la internet se publicaban anuncios solicitando sombríos príncipes grises que pudieran suplir la falta de carne en el nuevo héroe de papel.

La señora James utiliza esposas para frenar los ataques epilépticos que se producen en sus lectores por el exceso de azúcar que llega a sus cerebros.

La señora James utiliza esposas para frenar los ataques epilépticos que se producen en sus lectores por el exceso de azúcar que llega a sus cerebros.

Imagino que en poco tiempo, todos – excepto los “hipsters” y las feministas que todavía tienen aproximadamente unos quince millones de años para seguir quejándose del machismo y de la futilidad del libro – olvidaremos al azotador de E. L. James, pero lo que nunca pasará de moda será el sonrojo de las cajeras de supermercado que pedían el libro con voz casi inaudible, como si se tratase de una ametralladora en un vuelo a Nueva York o las adolescentes que luego de preguntar por lo menos doce títulos diferentes, se atrevían a solicitar un descuento por la trilogía entera o los tipos que siempre se veían en la necesidad de aclarar que el libro era “para una amiga” o, por último, las chicas que no estaban interesadas en las “Cincuenta sombras de Grey”, sino solo en “Filthy Shades of Grey”…

Yo no pasé de la página cincuenta y seis. Me aburrió. Jamás fui adepto a Corín Tellado ni a sus émulos – voluntarios o involuntarios –, además me parece un crimen gastar sesenta dólares en “softporn” cuando puedo conseguir “hardcore porn” en la internet sin pagar un centavo.

Por suerte, siempre tendremos a Sasha Grey

El “trailer” de la adaptación cinematográfica de “Cincuenta sombras de Grey”.