La bobada de junio: Ecuador, “capacitador” en derechos humanos

Para cumplir con la nueva Ley de Comunicación, desde este mes La rue Morgue cuenta con un nuevo articulista y “observador” estatal que nos dará su “opinión” sobre los textos a publicarse. Naturalmente, como no se trata de un censor, su función consiste en decirnos lo que debemos y lo que no debemos subir al blog, nada más; adicionalmente cooperará con un artículo para alguna de nuestras secciones.

Yo me encuentro encantado con la llegada de este compañerito, el señor Kléber Tontazo – portador de seis maestrías y un doctorado –, sobre todo porque me exigió una oficina con todos los aderezos necesarios, tres asistentes y seis asistentes para sus asistentes, una secretaria “multiuso”, computadoras con una excelente memoria RAM y un teléfono rojo para comunicarse directamente con la presidencia – entidad con la que, obviamente, nada tiene que ver –; gastos que – palabras más, palabras menos – me tienen jodido. Sin embargo, cumpliendo con la ley, dejo a mis lectores en buenas manos y con la esperanza de que no nos abandonen.

El Ecuador, representado por un poderoso gato negro, defiende su soberanía de los embates de Assange, el inocente conejito.

El Ecuador, representado por un poderoso gato negro, defiende su soberanía de los embates de Assange, el inocente conejito.

El Ecuador es tierno como un gatito dormido, pero, cuando alguien se atreve a mancillar su soberanía, se transforma en una terrible pantera africana, de esas que salen en el canal gringo de animales, Penthouse. En efecto, los ecuatorianos somos gente amable y pacífica que se indigna contra aquellos que intentan pisotear su independencia – aunque sean BFFs como el Assange, quien solo nos molestó un poquito.

Así que ¡cuidado, imperialistas del mundo! Nunca permitiremos que se aprovechen de nosotros, a menos que quienes lo hagan sean chinos o venezolanos, porque la dignidad no se compra con dólares sino con yuanes o bolívares.

Tres funcionarios que muestran la mejor cara posible.

Tres funcionarios que muestran la mejor cara posible.

El mes pasado, el país fue titular en la mayoría de periódicos corruptos por una decisión histórica: entregar ayuda financiera para la capacitación de los Estados Unidos en materia de derechos humanos. Aún recuerdo el momento en que escuché la noticia en uno de los canales independientes e incautados por el gobierno; mi corazón ardiente por poco se incinera de la emoción y mis manos limpias casi se ensucian con un torrente de lágrimas. No era para menos, pues ¿quién se ha atrevido antes a dar una bofetada de dignidad a los gringos imperialistas? ¡NADIE!

Mi amigo Alvarado, con la frente en alto, demostró al mundo que “sí se puede” dejar a la diplomacia internacional, literalmente, boquiabierta usando una sola cosa: el cinismo.

Quiero, sin embargo, analizar detenidamente todo lo que nos convierte en el ejemplo a seguir en derechos humanos:

La policía y cincuenta y dos diputados destituidos jugando a "las cogidas".

La policía y cincuenta y dos diputados destituidos jugando a “las cogidas”.

1)      Nunca hemos violado la constitución, impidiendo que diputados elegidos por el pueblo ingresen al Congreso, al tiempo que negociábamos con sus suplentes para que ocupen su lugar. ¡NEVER!

2)      Jamás se nos ha pasado por la cabeza sacar cuarenta millones de dólares a un periodista que no gana ni mil al mes. ¡NEVER!

3)      Nadie ha escuchado a nuestro presidente denigrando a una persona por su condición física o intelectual. ¡NEVER!

4)      Nuestro sistema legal es tan justo y eficiente que “nunca de los nuncas” ha encerrado en la cárcel a una mujer porque “es fea y cae mal a todo el mundo”. ¡NEVER!

5)      Never in the life se ha escuchado que medios de comunicación incautados sigan funcionando por más de un año en manos del Estado, sin ser vendidos para pagar a la gente que, víctima de la corrupción de algunos banqueros, se quedó en la calle.

6)      Y jamás, jamás, jamás, entiéndase bien: J – A – M – Á – S se nos ha ocurrido bailar y cantar música protesta mientras nuestros compatriotas se matan a tiros.

¿Se pondría en esas carnes?

¿Se pondría en esas carnes?

Con todas estas cualidades, es evidente que somos los indicados para dar cátedra en derechos humanos. Mas ¿cuál es el plan que proponemos a los Estados Unidos para mejorar en esta área? No soy la persona indicada para responder una pregunta tan técnica, se necesitan un par de doctorados más para eso; aunque sí creo, modestamente, que puedo hacer un bosquejo:

En primer lugar debemos enseñarles a los gringos a escuchar las canciones de Fito Páez y Facundo Cabral, ya que no hay nada más criminal y antihumano que los temas de Lady Gaga.

También es importante que los yanquis dejen el fútbol americano y se dediquen a la macateta, deporte que los ecuatorianos – que somos medio boludos – dominamos desde la tierna infancia y que nos prepara para soportar los pelotazos de la política con la mayor alegría e ingenuidad.

Es adecuado explicarles a los gringos que las torturas en Guantánamo son obsoletas y basta con reemplazarlas con cadenas sabatinas de cuatro horas. Pruebas científicas realizadas en los invisibles laboratorios de la Universidad Central demuestran que el sufrimiento es infinitamente mayor.

Otra opción es desviar el dinero que se utilizaba en el espionaje de gente inocente hacia un programa para desarrollar el arte y la ciencia, el mismo que consiste en usar los recursos en la creación de  muchísimos ministerios, en vez de ofrecer becas para los artistas; al fin que “esas cosas no sirven para nada”.

Finalmente, debemos sugerir a los imperialistas que compren camisas estilo Zuleta, ya que esto es una prueba de respeto y admiración por los pueblos ancestrales que están llenos de indios de poncho de oro.

Kléber Fermín Tontazo

PhD y magister en Comunicación aplicada a la incomunicación de masas.

Biografía apócrifa: el socialismo bolivariano

"Marx me envidia porque soy sexy y divertido (y, además, tengo un buen peluquero). Dar FAV y RT."

“Marx me envidia porque soy sexy y divertido (y, además, tengo un buen peluquero). Dar FAV y RT.”

Como todos sabemos, desde que la sabiduría revolucionaria del siglo veintiuno llegó al poder para hacer de este un mundo honesto, democrático y culto, Bolívar tuvo un hijo y fue un mal padre; no cabe, de todas formas, juzgarlo porque con un primogénito tan feo como el suyo, lo menos que se puede ser es malo.

En efecto, Bolívar, el Libertador, ya había engendrado el socialismo científico mucho antes de que Marx siquiera naciese y este, envidioso del creador de aquel Frankenstein ideológico, esbozó, varios años más tarde, una amorosa y comedida biografía suya para la New American Cyclopedia en 1858[1].

No conviene, sin embargo, apresurarse, por lo que dividiremos esta tierna historia en tres partes que facilitarán la comprensión sobre la vida del Comandante – la verdad es que no sabemos el nombre de la creatura bolivariana – marxista, pero como esa gente siempre se concede a sí misma rangos militares de tal guisa, optamos por no desairarlos –, correspondiendo la primera a la concepción, la segunda a la infancia y la última a la pubertad y adultez. Sobre su descendencia no hablaremos porque sería un trabajo interminable, teniendo en cuenta que esta sigue reproduciéndose con cada babosada que se dice en cadenas de radio y televisión o en discursos oficiales.

Primera parte: el huevo                                                           

 

Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios Ponte – Andrade y Blanco zarpó con rumbo a Europa, por primera vez, en 1798, regresando de allá completamente enamorado y con un nuevo estado civil: el de esposado. Todo indica que fue esta situación, como toda experiencia traumática, la que terminaría por generar al monstruito socialista – liberal – conservador que hoy emociona tanto a grandes y chicos.

María Teresa del Toro apenas llegó a Venezuela, dijo: "¡joder, Simoncito! Para ver estos pantanos, mejor nos hubiéramos ido a Italia..."

María Teresa del Toro apenas llegó a Venezuela, dijo: “¡joder, Simoncito! Para ver estos pantanos, mejor nos hubiéramos ido a Italia…”

En efecto, el joven Bolívar se enamoró, igual que todos, como un pendejo y, desoyendo a los adultos, hizo todo lo posible por traer consigo a América a una españolita de ascendencia venezolana – algo que es mucho más de lo que pueden decir la mayoría de emigrantes latinoamericanos, muy dados a la endogamia –; la muchacha en cuestión se llamaba María – Teresa Josefa Antonia Joaquina Rodríguez del Toro y Alayza y solo para colocar en el papel del contrato matrimonial los nombres de ambas víctimas fue necesario deforestar toda la Sierra Morena.

Simón Bolívar, sin embargo, no tuvo tiempo para disfrutar de las mieles del amor y, apenas ocho meses después de las nupcias, enviudó, quedando devastado y al borde de una crisis existencial que a otro pudo significarle la muerte, pero a él lo empujó a un sino aún más fatal: el socialismo del siglo XXI.

Bolívar se embarcaría, una vez más, hacia Europa y, tras un conmovedor encuentro con su suegro, viajó a Francia, donde, luego de probar los placeres que la Ciudad que da a Luz podía ofrecerle, emprendió un peregrinaje hacia Roma junto con su maestro de la infancia, el rousseauniano de los mil nombres, Simón Rodríguez o Carreño o Robinson.

Maestro y alumno subieron al monte Palatino y, ante el esplendor de la ciudad donde el comunista Julio César fue asesinado, juraron la independencia de la América hispana. El huevo del socialismo había aparecido.

Fuentes de la época nos dicen que aquel era grande y gordo como un bien alimentado miembro del politburó soviético y que Carreño/Rodríguez/Robinson lo cuidaba con esmero. Él que nunca había sido un hombre de familia se puso “chocho” con la llegada del Comandante.

Bolívar, por otro lado, estaba mucho más interesado en la gloria que en la paternidad, por lo que, pronto, se olvidó del huevo, marchando a América para encontrarse con su destino.

El peluquero de Marx es Jorge Russinsky.

El peluquero de Marx es Jorge Russinsky.

Así, el Comandante, a pesar de no haber empollado, terminaría alimentando una admiración especial hacia el padre ausente que lo empujaba a creer que este era perfecto.

Segunda parte: infancia.

 

Los primeros años del Comandante – ex huevo – los pasó apaciblemente en la capital francesa, bebiendo vino en vez de leche, al tiempo que observaba a los grandes personajes de Francia entrar y salir de los salones cubiertos de una rara amalgama de frivolidad y genio. El hijo del Libertador – igual que la mayoría de “revolucionarios” – se reveló contra la primera, pero revistiéndose con ella.

Las damas de Paris lo miraban como a un pequeño díscolo y le decían: “Comandantito, ve a tomar el biberón y no nos molestes”; los hombres, por otro lado, simplemente lo ignoraban. Por lo demás, el consuelo siempre venía acompañado de una palmada amistosa de Carreño que, con una sonrisa, le indicaba que iba por el buen camino. Lástima que el pobre intelectual estaba al borde de una miseria tan paupérrima que apenas tenía tiempo para ocuparse de su alumno.

A Comandantito le gustaba jugar a la guerra – igual que a casi todos los “revolucionarios” – y fusilaba encantado a sus compañeros cuando se alzaba con la victoria; finalmente, al caer estos bajo el fuego de su justicia, los obligaba a ponerse de pie para volver a fusilarlos.

Con sus mejores amigos, a saber un borracho, un loco y un ladrón, conformó un tribunal de justicia y se puso a la tarea de juzgar a todos los niños por sus delitos anti – revolucionarios: que si había comido un plato de habichuelas era un burgués; que si tenía tutor, un aristócrata; que si era gordo, un corrupto; que si era flaco, un avaro; nadie se salvaba de sus fusilamientos y, cierta mañana, se le ocurrió hasta armar una guillotina, costándole la travesura el encierro en un orfanato con todo el tinte novelesco de Charles Dickens.

Un miembro de un Politburó (de cualquiera).

Un miembro de un Politburó (de cualquiera).

Algunos meses después, mientras pagaba cincuenta rosarios en la iglesia del orfelinato como penitencia por haber dicho que se debía confiscar los bienes de la iglesia porque – igual que casi todos “revolucionarios” – consideraba que los curas, per se, solo eran millonarios amantes de la pedofilia; tuvo una revelación: debía buscar a su padre.

Tercera parte: pubertad y adultez.

Emprendió su aventura – igual que casi todos los “revolucionarios” – en compañía del ladrón y el loco. Juntos se embarcaron en Marsella a bordo de un navío perteneciente a cierto capitán holandés que juró ser amante de la justicia y de la libertad.

Como era de esperarse, terminaron en Argel y en manos de un inescrupuloso comerciante árabe que decidió venderlos como esclavos al sultán otomano. Consiguieron salvar sus vidas únicamente porque el Comandante, en una jugada maestra que repetirían sus admiradores a lo largo de la historia, amenazó con expropiar el barco, los remos, el mar, las mujeres, la arena e incluso la esclavitud.

— ¡Expropie, expropie, expropie, expropie! – se puso a gritar enloquecido, mientras todos lo miraban con miedo reverencial, pues suponían que se trataba de la encarnación de algún demonio chiflado del Sahara.

No pasaron ni veinticuatro horas antes de que, arrepentidos de su adquisición, los mercaderes de esclavos lo devolvieron a Europa con un pago adicional para que a nadie se le ocurriese mandarlo donde ellos de nuevo. ¡La grandeza se manifiesta en los momentos difíciles!

Finalmente, el Comandante llegó a América, pero como en este continente lo que más había era comandantes, generales, coroneles, etcétera, etcétera, etcétera, pasó desapercibido y Bolívar, demasiado ocupado en la campaña de Boyacá, ni siquiera tuvo un minuto para su primogénito.

Este, sin embargo, se la pasaba hablando de su linaje a los borrachos y a cualquier otro ingenuo dispuesto a escuchar sandeces.

— Mi padre encarna a Pachacutik, Wayna Capac, Atahualpa, Huáscar, Lautaro, Tupac Amaru, Hércules, Juan el Bautista, los doce apóstoles, Darth Vader, Julio César, Bruto, Indiana Jones, fulano, zutano, mengano, perencejo, don Manuel que vende habas en la esquina y la chichera que gracias a un microcrédito del Banco Nacional de Fomento abrirá una sucursal de su antro en el sur de Quito dentro de doscientos años…

La gente lo consideraba un demente y solo tomaron conciencia de su verdadero carácter una noche que anunció, en plena plaza de Angostura – que estaba más infestada de plagas que de casas –, que iba a redactar la diezmillonésima constitución de la República, la única que representaría al pueblo, aunque este ni siquiera estaba consciente de tener la primera.

Los habitantes de Angostura no sentían el menor interés por la famosa constitución, pero cuando el Comandante se puso a confiscar desde las gallinas hasta los calzones, se indignaron tanto que, ni el recién conformado Tribunal Bolivariano del Pueblo Oprimido por la Dictadura de los Desgraciados Capitalistas Burgueses de la Nueva República de Venezuela – TBPODDCBNRV, por sus siglas en español – pudo disuadirlos de linchar al revolucionario.

Turba enloquecida y peligrosa.

Turba enloquecida y peligrosa.

El pueblo, que siempre habla mal de la libertad hasta que se la quitan, salió a las calles con antorchas y azadones, dispuesta a lo peor. Este, infructuosamente, trató de expropiar aquellas armas y, cuando las amenazas fallaron, recurrió – igual que todo “revolucionario” – a culpar a la CIA de su trágico destino. De todas maneras, el hijo antinatural de Bolívar no fue asesinado esa noche; la gente se limitó a darle una buena azotaina en las nalgas por insolente y luego lo encerraron en un convento franciscano.

El socialista bolivariano nunca conoció al hombre que lo había inspirado – igual que todo “revolucionario” –, pero se pasaba hablando de él a diestra y siniestra hasta que una mujer, luego de enamorarlo, lo obligó a trabajar, con una tiranía que, según él, solo podía ser parte de una conspiración de los gringos imperialistas.

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[1] Leer el artículo de Marx sobre Bolívar (es en serio, ¡en serio!).

¿Cómo se reproducen las telenovelas de narcotraficantes?

Angélica Blandón te invita a olvidar el cuerpo de las mujeres y a amar el "interior".

Angélica Blandón te invita a olvidar el cuerpo de las mujeres y a amar el “interior”.

En los últimos años hemos presenciado una extraordinaria proliferación de telenovelas cuya trama se desarrolla en el mundo de los capos de la droga, lo que nos empuja a preguntarnos: ¿de dónde salen?, ¿cómo se producen?, o mejor dicho: ¿cómo se reproducen? Sí, porque sobre su producción no hay mucho que decir, al fin y al cabo basta que un tal Cadavid con un tal John Jairo se reúnan en alguna oficina de un canal de televisión colombiano – o estadounidense pero de gran influencia latina – y firmen el contrato, macabra sentencia de muerte, que condenará a miles de espectadores, que no tienen dinero para pagar televisión por cable, a meses de tortura con acento paisa.

Por lo demás, lo que interesa a todo neuropsicólogo – grupo al que tengo el altísimo honor de circunscribirme – es conocer el génesis de cualquier fenómeno, puesto que es en la concepción donde se originan las anomalías genéticas.

En esa medida, ¿cuáles son los padres de este engendro mediático? Nadie sabe la respuesta, pero sí queda claro que se trata de seres malos – ¡muy malos! – que ante la completa falta de héroes latinoamericanos se han inclinado por hacer una fábula con los villanos; una fábula en la que, en principio, nos dicen que con el dinero mal habido se puede comprar todo, desde conciencias hasta “teticas”, para al final dejarnos con la gran lección moral de que no hay que ser mafioso porque se puede terminar preso en los Estados Unidos.

"No solo soy feo, soy el viejo Javi."

“No solo soy feo, soy el viejo Javi.”

Todo indica que la reproducción de las telenovelas de narcotraficantes no es sexual, más bien parece que es idéntica a la de las amebas, es decir por división celular, implicando que de una serie sale otra y de esta, otra y otra más, hasta que cuatro de los cinco canales principales de televisión nacional tienen al menos una historia de delincuentes en su horario estelar. Si ponemos en uno hallamos a un alias “Tanga Loca” acribillando con su metralleta a varios cristianos llamados Jairo, John o “viejo Javi”; en otro, nos encontramos con una fulana bien sensual – probablemente Leidy, Yomaira o Nayeli – que, con acento paisa y aguardentoso, seduce al obeso y calvo capo del cartel de Quindío. Si tiene suerte, sin embargo, puede ser que asista a una orgía con prepagos pereiranas en una hacienda del Valle del Cauca o a una cómica persecución de criminales más cercana a los gags de Charlot que a las escenas de acción de El padrino. ¡Qué emocionante ver un tiroteo en un corral donde gordas gallinas de campo expulsan huevos sobre la cabeza de un agente de la DEA que habla tan mal el inglés como el español!

Si practicásemos una ecografía para ver el feto de la telenovela de narcotraficantes, encontraríamos bellísimas actrices colombianas – lo mejor –, una amplia gama de actores que van desde los panzones hasta los ordinariamente musculosos – lo peor – o desde los mexicanos hasta los estadounidenses; también guiones, similares unos a otros – lo cual da pie a una nueva teoría sobre su origen: la clonación, llevada a cabo por una civilización extraterrestre que no busca destruir a la especie humana, sino sumirla en la absoluta vulgaridad –; y, por último, al FBI, la DEA, el DAS, la CIA, PAIS, ABCDE, FGHI, JKLMN y cualquier organización con o sin fines de lucro que pueda dedicarse a la tarea de perseguir narcotraficantes y/o a colaborar con ellos.

"¡No nos confundan, no somos prepagos, somos activistas de PETA!"

“¡No nos confundan, no somos prepagos, somos activistas de PETA!”

Es necesario tener en cuenta que la sobreexposición a esta clase de programas puede generar varios problemas como el onanismo, el instinto delictivo, el deseo antinatural de usar la jerga de los hampones colombianos y, el más peligroso de todos, ponerse el sobrenombre de “Jamón” para abrir una oficina dedicada al chulco en la Prosperina.

De todas maneras, para evitar que se tache a este estudioso de “apátrida” o “neoliberal” – ¡uy, qué miedo! –, he decidido concluir este artículo con una pequeña lista de cosas que no deben faltarle a un sujeto que decidió incursionar en el mundo de las telenovelas de narcotraficantes:

  • Calvicie; al contrario de lo que se cree, el pelo abundante hará que le pongan motes como “Fresita” o “Trapeador”, en cambio la alopecia lo transforma en un macho a carta cabal. Así que si tiene cabello, ¡RÁPESE YA!
  • Calvo, barbudo y con un gusto sofisticado para vestir, ¡así cualquiera puede enamorar!

    Calvo, barbudo y con un gusto sofisticado para vestir, ¡así cualquiera puede enamorar!

    Debe tener mucho pelo en el tórax, los brazos y el resto del cuerpo; este es complementario al anterior requerimiento, de forma que si le sobra mucho cabello en la cabeza y le falta en las nalgas, no dude en extirpárselo de la primera para implantárselo en las segundas.

  • Siempre termine sus frases con la conjunción “pues” aunque no venga al caso; por ejemplo: ¿por qué no te quieres casar conmigo, pues?, ¿tengo cara de delincuente, pues? ¿Qués’ pues, pues?
  • Obligue a sus amigos a llamarlo por un apodo tan simple como pegajoso: “chino”, “terciopelo”, “lima de uñas”, “vasectomía”, “colonoscopía”.
  • Rasúrese cada tres días, pues la lija en la cara es marca de masculinidad, similar al falo erecto que exhiben los monos en las selvas del África Subsahariana.
  • Sea machista, al fin que ningún tipo sería capaz de contratar a cincuenta prepagos para organizar una orgía pensando en que las mujeres tienen sentimientos… ¿o sí?
  • Si tiene esposa, novia, mamá, etcétera, olvídese de su nombre y llámela “vieja” a secas; de ahora en adelante para usted toda mujer es una vieja, no importa si es joven o vieja.
  • Hable mal el inglés o, mejor, no lo hable.
  • No acepte que le inviten a tomar aguardiente, sino un “aguardientico”.
  • Finalmente, ame las labores del campo, eso sí, siempre que estas incluyan cuidar al ganado porcino, vacuno y el refinamiento de la cocaína.
El cinturón de castidad del siglo veintiuno.

El cinturón de castidad del siglo veintiuno.

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Las vicisitudes de July

Todos aspiramos a que la mujer invisible sea así...

Todos aspiramos a que la mujer invisible sea así…

Aquella mañana, como todas, July salió de su casa completamente desnuda; en esta ocasión, sin embargo, las cosas fueron diferentes: los hombres – y algunas mujeres – la miraban con lascivia y a veces hasta le soltaban piropos tan sórdidos que harían temblar aun a la persona más segura de sí misma.

Ella, sin pensar siquiera en regresar a casa para ponerse un abrigo, corrió hasta el consultorio de su médico de cabecera.

― Doctor – le dijo apenas hubo entrado – algo anda mal, ¡ya no soy invisible!

El médico la miró de pies a cabeza.

― Sí, se nota…

― Pero usted y sus colegas dijeron que yo tenía una enfermedad genética incurable; ¡por eso mis padres me abandonaron, doctor!

― Cálmese, señorita, déjeme revisarla.

... Pero en realidad se ve así (está junto al poste, ¿no la ven? ¡Pero si es clarísimo! ¡O - SE - A!).

… Pero en realidad se ve así (está junto al poste, ¿no la ven? ¡Pero si es clarísimo! ¡O – SE – A!).

El hombre hizo que July se recostara en una camilla, dedicándose enseguida a auscultarla a sus anchas; a ratos, lanzaba una exclamación que era difícil precisar si se trataba placer, sorpresa o molestia.

― Diga algo, doctor, ¿qué hago? Antes nadie notaba mi presencia y ahora los hombres me miran con lujuria, ¡parece que quisieran violarme!

― Respóndame una cosa: ¿le fastidia este cambio?

La joven vaciló.

― La verdad… ¡No! ¡Me encanta! Es mi sueño hecho realidad; ser notada, deseada…

― Entonces ¿cuál es el problema?

― Mi trabajo; verá: soy funcionaria de un ministerio y solo me contrataron por mi rara condición de salud; el ministro me dijo claramente que mis cuatro posgrados, tres maestrías, un doctorado, un pos – doctorado y un pos – pos – doctorado no me hacían diferente a tantos otros aspirantes, pero mi transparencia, literalmente hablando, sí, porque todo buen tecnócrata debe ser invisible tanto para sus jefes como para el público al que sirve.

― ¿Ya ha estado en su trabajo?

― No.

― Entonces no se adelante, vaya y espere a ver qué pasa.

― Pero…

― ¡Confíe en mí!

July salió del consultorio con un poco de miedo, pero a cada paso suyo, una nueva mirada llena de deseo la hacía sentirse más segura, de manera que, al llegar al ministerio, caminaba como una emperatriz austriaca del siglo XVIII. Sus compañeros, que antes la envidiaban por su condición de empleado ejemplar invisible, ahora parecía que la admiraban, elogiándola incluso. Sin embargo, el ministro, al verla, quedó completamente irritado.

― ¡Por Dios! ¿Qué se ha hecho?

― Oh, nada, es que me curé… Lo siento, no tuve tiempo de vestirme…

― ¡Me importa un bledo que ande desnuda, quiero que vuelva a su estado original o queda despedida de inmediato!

― ¿Por qué? No entiendo, ahora soy normal.

Así se ven los tecnócratas: todos idénticos, bien feos.

Así se ven los tecnócratas: todos idénticos, bien feos.

― A nosotros, los tecnócratas, no nos sirven las personas corrientes, necesitamos a esos individuos que no interfieren nunca con su imaginación en el devenir del Estado; el mayor oprobio es la visibilidad. ¿No se ha percatado cuánto ha invertido el presidente en proyectos de “invisibilización”? ¡Y a usted se le ocurre volverse visible! – hizo una pausa y señaló con el dedo a cierta sección del ministerio donde solo había seis escritorios vacíos –. Esos son empleados ejemplares, ¡nunca se dejan ver!

July, con la boca abierta, miraba incrédula los escritorios aparentemente huérfanos y olvidando su desnudez, ahora se sentía avergonzada por su visibilidad.

― ¿Cree que el resto de sus compañeros la envidiaban antes por sus títulos? ¡Ellos tienen muchos más! Su “transparencia” era lo que querían, eso es todo; ¡lárguese de aquí y no vuelva hasta que recupere su ÚNICA cualidad!

Naturalmente, July no pudo cambiar de nuevo y se cree que vive retirada en un monasterio budista en Tíbet. Por otro lado, su puesto lo ocupó un sujeto que era completamente “transparente”.

Hoy, ese y el resto de ministerios están llenos de gente invisible y todo parece indicar que el gusto por esta clase de empleados también se ha expandido al ámbito privado. Cierto filósofo de Harvard recientemente escribió un libro donde exaltaba sus cualidades, previendo un futuro en el que toda la humanidad será igual. ¡Aguardamos ansiosos la llegada de ese tiempo!

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La estulticia de mayo: el discurso de Gaby Rivadeneira

Discurso de Gaby; se recomienda verlo completo solo si no tiene diabetes.

Demóstenes creía que la buena preparación era el secreto del éxito de un orador. Él, se cree, memorizaba al revés y al derecho el texto que iba a decir en un ágora porque consideraba un fracaso olvidar aunque fuese una sola frase.

Demóstenes también quiso usar vaqueros rotos en el "cole", pero el licenciado Guachamín lo amenazó con un cero en conducta si lo hacía.

Demóstenes también quiso usar vaqueros rotos en el “cole”, pero el licenciado Guachamín lo amenazó con un cero en conducta si lo hacía.

¡Eran otros tiempos! La gente – más cool que la de hoy – se vestía con túnicas, hacía el amor con dioses y ninfas, iba al gimnasio desnuda y no la apresaban por hacer escándalo en estado de ebriedad, siempre y cuando fuera en honor a Dionisio.

Hoy, por otro lado, nos vestimos con vaqueros rotos y desteñidos, hacemos el amor con Viagra, vamos a Burguer King en vez de al gimnasio y retozamos ebrios en la acera de una zona roja donde Dionisio no pondría un pie por miedo a que le roben hasta los calzoncillos; en esas condiciones ¿a quién le importa hablar con conocimiento de causa?

Vivimos tiempos donde la clave no es ser culto sino un completo ignorante con mucha autoconfianza; no es necesario saber quién fue Homero, pero sí recitar los versos de la Ilíada en los que aparece Napoleón Bonaparte (¿?).

Los políticos son un ejemplo a seguir en este campo; sus bocas son matrices donde reposan cientos de fetos de idiotez prestos a salir y dar un zarpazo sobre las orejas del ingenuo que los escucha.

Considerando que la sociedad contemporánea, especialmente la hispanoamericana, está ansiosa por escuchar verborrea y banalidad adornada de la sabiduría de Perogrullo, he decidido crear una breve guía for dummies de lo que se debe hacer para convertirse en un orador capaz de hablar por una hora sin decir una sola cosa que valga la pena y, aun así, recibir todos los aplausos del mundo.

Maquiavelo sonriendo porque lo confundieron con Psy, el coreano que canta el Gangnam Style.

Maquiavelo sonriendo porque lo confundieron con Psy, el coreano que canta el Gangnam Style.

Igual que Maquiavelo, quien tomó a César Borgia y a Fernando de Aragón como modelos para El príncipe, yo decidí utilizar a Gabriela Rivadeneira como mi arquetipo de orador estrella (do).

Usemos la imaginación para ubicarnos en el salón del plenario del Congreso – quiero decir: Asamblea[1] –, el 24 de mayo de 2013; es una mañana soleada y varios mandatarios del mundo, resignados,  piensan que deberán soportar cinco horas de bobadas antes de ir a sentarse en el Palacio de Carondelet para engullir el almuerzo que ha preparado el chef belga – de Bélgica – en su honor.

La ceremonia de posesión del presidente Correa, de todos modos, probó ser cualquier cosa menos aburrida. Los gags aparecieron a cada instante, por ejemplo: la camisa de bordados Zuleta que usó el Posesionado – siempre con mayúscula como les gusta a los minúsculos – que no combinaba con su terno pero sí con el hermosísimo mural que hizo Guayasamín para el plenario y que, por un capricho morboso y cruel del hado, se salvó del incendio de hace diez años; la incapacidad de los presentes para comprender el significado del protocolo (mención aparte merece la bandera, pues fue la única que lo entendía); el teleprompter que era capaz de solucionar los problemas de memoria, pero no los de inteligencia; etcétera.

Luego de los sui generis eventos musicales – incluido el canto del Himno Nacional sin acompañamiento que dio el empujón a Paulina Aguirre para ingresar en el lista de desastres naturales –, Gabriela Rivadeneira, quien llegaba con los membretes de bella, culta, preparada – al terminar, se marchó sin membretes –,  subió al estrado para obnubilarnos con su verbo. No lo consiguió, sin embargo, los brillos de su blusa casi nos destruyen la retina, así que obtuvo un logro similar.

Gaby dice que aprendió en Coquito que nunca hay que avergonzarse de ser uno mismo porque no hay que ser envidiosos.

Gaby dice que aprendió en Coquito que nunca hay que avergonzarse de ser uno mismo porque no hay que ser envidiosos.

Se preguntarán qué es lo que dijo. Pues bien, habló de todo: pensadores ingleses del Renacimiento, decapitaciones, Macondo, discapacidades, héroes liberales, anti – liberalismo, socialismo, Simón Bolívar, Sucre, Neruda, largas noches, amaneceres, poesía, amor, odio, compañerismo, cooperación, bien, mal, proyectos educativos… Escrito de esta forma, parece que era un insulso galimatías y, en efecto, así fue. Mas, como expliqué anteriormente, el secreto no consiste en decir algo interesante sino en llenar horas, días, meses, años con cosas insubstanciales; es este el primer secreto de un orador del siglo veintiuno: NO PIENSE PARA HABLAR, SOLO HABLE MUCHO.

Algunos filósofos afirmarán que esto es un contrasentido, pues para decir cualquier cosa, hay, necesariamente, que acudir al pensamiento, pero eso es porque ellos jamás han llegado al nivel de sofisticación intelectual de un político ecuatoriano joven, ese manantial de esperanzas para la nación.

El segundo secreto es HABLAR DE UN LIBRO FAMOSO QUE POCOS HAN LEÍDO. En esto, Gaby es una experta: trapeó el suelo de la Asamblea con cada página de Utopía y hasta se dio el lujo de mezclarla con Macondo, de manera que los cerdos incestuosos de esta última terminaron por ser los artífices de la felicidad de Tomás Moro.

El desastre natural Paulina Aguirre. Este es el momento en que desataba el Apocalipsis y hacía revolcar en su tumba a Juan León Mera.

El desastre natural Paulina Aguirre. Este es el momento en que desataba el Apocalipsis y hacía revolcar en su tumba a Juan León Mera.

La tercera clave, quizás la más importante, es SIEMPRE SONREÍR, eso le da al hablador la imagen de alguien noble, seguro de sí mismo y lleno de dulzura. Si está hablando de desastres naturales sonría, igual si lo hace de Dios, la guerra en Palestina, el amor, la sonrisa, el holocausto. Sonría, sonría, sonría ¡S – O – N – R – Í – A! E ignore siempre aquel adagio que dice que la sonrisa abunda en la boca del idiota porque seguro lo dijo algún idiota (¿?).

En resumen, la receta para ser un gran orador es hablar mucho, decir poco, salpicar cada oración con referencias pseudo – eruditas, buscar en Wikipedia cualquier tópico manoseado que pueda servir para parchar los vacíos en el discurso, usar una que otra palabra griega o latina para fingir conocimiento y finalmente tener una bonita dentadura porque no hay nada más grotesco que ver una sonrisa nacarada y llena de caries por cincuenta minutos.

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[1] Este cambio de nombre ha incidido enormemente en el mejoramiento de la calidad; antes no se hacía nada, ahora se hace mucho pero es como si no se hiciera nada.

La leyenda del shinobi de Chimbacalle

Hattori Hanzō, a pesar de lo que dicen las malas lenguas, no asaltaba a nadie en Chimbacalle.

Hattori Hanzō, a pesar de lo que dicen las malas lenguas, no asaltaba a nadie en Chimbacalle.

Cuando Hattori Hanzō cruzó Iga junto al futuro sogún Tokugawa Ieyasu en 1582, no pensó que casi quinientos años después surgiría en Sudamérica una nueva casta de guerreros que dicen ser los depositarios de sus técnicas.

Estos ninjas modernos viven ocultos y son parte de una sociedad tan hermética que casi nadie ha tenido la fortuna de conocerlos (es que POCOS revisamos los anuncios clasificados del diario El Extra, donde usualmente su escuela oferta cursos).

En efecto, un día que yo acometí la enriquecedora tarea de leer aquel periódico, mis ojos, luego de pasar por las turgentes partes del cuerpo de una modelo guayaquileña que confesaba estar enamorada de los “morenos sabrosones”, recayeron sobre un anuncio pequeño que, en negritas, decía: “APRENDA 11 ESTILOS DE COMBATE EN 11 DÍAS. Academia de ninjutsu El Hattori Hanzō de Chimbacalle.”

Quizá porque aún no conseguía recuperarme de la conmoción que me ocasionaron las confesiones psicosexuales de la modelo, mi cerebro no fue capaz de procesar bien la información, provocándome una exaltación rayana en la epifanía: ¡debía estudiar con ellos!

Al día siguiente, tomé un bus y atravesé la ciudad de cabo a rabo con la idea de que el horroroso tráfico, el sol canicular y las dos horas de viaje no solo valían la pena, sino que formaban parte de mi entrenamiento como guerrero.

Al llegar a Chimbacalle, lo único que hallé con relativa facilidad fueron las instalaciones del periódico El Comercio; por lo demás, de la escuela de artes marciales nadie había escuchado.

Sofisticada lectura. Nótese la abundancia de citas de grandes pensadores y los suplementos dedicados a la cultura y el arte.

Sofisticada lectura. Nótese la abundancia de citas de grandes pensadores y los suplementos dedicados a la cultura y el arte.

Estaba a punto de claudicar, cuando un muchacho de no más de doce años apareció de la nada dispuesto ayudarme en mi búsqueda. Al principio dudé, pues, en un acceso momentáneo de paranoia, creí ver que guardaba un picahielos bajo su camiseta.

Sin embargo, arriesgándome, dejé que el niño me condujera hasta el portal de una tienda de discos piratas.

— ¡Aquí es!

Estaba seguro de que me tomaba el pelo porque lo único que había allí eran películas pornográficas.

— Entre, en serio es aquí – afirmó –; el maestro Gualotuña siempre nos dice que no debemos juzgar al caramelo por la envoltura.

Subyugado por ese aplastante aserto, obedecí y juntos, mi guía y yo, sorteamos una serie de estantes donde se alineaba toda la filmografía del porno mundial: japonés, alemán, francés, estadounidense, soft, hard, gorno

Al fondo del local, franqueamos una puerta mal pintada, encontrando finalmente un dojo cuyo tatami alguna vez fue café y ahora solo era sucio; sobre él, un individuo de unos veintidós años meditaba en posición de loto, al tiempo que los ojos de Rafael Correa y Jean Claude Van Damme lo miraban desafiantes desde dos pósteres pegados en la pared de atrás.

El niño lo llamó con mucho respeto y la única respuesta que obtuvo fue un gesto para que guardase silencio.

— Tenemos que esperar, el maestro Gualotuña se pone bravo si le jodemos cuando está llegando al Nirvana.

Me puse a reflexionar en silencio mientras aguardaba mi turno para ser iluminado. Una hora más tarde, luego de que la humedad de la escuela me desató la rinitis y de que un par de clientes, que habían ido a comprar pornografía, interrumpieron el sagrado ensimismamiento del ninja, finalmente conversamos.

Me dijo que la tarifa era de quince dólares mensuales, además de un monto de treinta que se debía pagar una sola vez como inscripción; también explicó que su disciplina era férrea y que, de vez en cuando, me vería obligado a realizar ciertos “trabajos” en el mercado de San Roque como parte del entrenamiento.

— No te asustes – me dijo –, no se trata de robo, estamos cobrando deudas justas y nunca estarás solo, siempre mando a mis guerreros juntos, por si acaso.

Uno de los pósters que presidía la sala de entrenamiento. La leyenda rezaba: "El firme cuerpo de la Revolución".

Uno de los pósteres que presidía la sala de entrenamiento. La leyenda rezaba: “El firme cuerpo de la Revolución”.

De pronto, un ruido que provenía del local de películas porno nos hizo despertar de nuestro éxtasis místico. El maestro Gualotuña y su alumno salieron del dojo; escuchándose, en seguida, discusiones, gritos.

Movido por el miedo y la curiosidad, me asomé y pude ver a un sujeto escuálido y mal encarado que increpaba al ninja porque, según afirmó, este había tenido un affaire con su esposa mientras él estaba de viaje en Otavalo.

Las argumentaciones del maestro no fueron suficientes para el marido y en un abrir y cerrar de ojos se desató una pelea. Yo imaginé que iba a asistir a una escena de alguna película de Jet Li, pero no fue así: Gualotuña y su discípulo quedaron fuera de combate en menos de dos minutos. El agresor, insatisfecho, se dedicó a derribar todo lo que estaba a su paso y transformó la tienda en la ruina de un castillo japonés.

Cuando el silencio volvió a reinar en el lugar, me atreví a salir del dojo y pasando sobre las películas pisoteadas, los estantes caídos, los vidrios rotos y los luchadores heridos, me marché de la tienda sin mirar hacia atrás por miedo a que las Valquirias apareciesen  y, confundiéndome con un guerrero caído, me llevaran al Valhalla.

¡Estos guerreros (análogos a los de Chimbacalle) a cualquiera le inspiran miedo!

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Biografía apócrifa: el pajarito chiquitico

Aclaración indispensable 

El problema al que se enfrenta todo biógrafo serio – como yo – es que al momento de escribir sobre un personaje célebre debe abordar tanto su psicología como el efecto que esta tuvo en sus acciones y en las personas que lo rodearon. Esta premisa se complica en el caso del sabio Hugo Chávez, quien después de ser enterrado como todo un socialista – es decir, con una modestísima ceremonia –, decidió resucitar como un ave, haciendo que crezcan geométricamente la cantidad de experiencias merecedoras de un capítulo especial en el libro de la vida de este extraordinario individuo.

En vista de lo anterior, opté por reducir el espectro investigativo a un periodo de tiempo tan corto como crucial y sobre el que seguramente nadie querrá trabajar, dado el prejuicio que siempre tiene la comunidad científica por cosas que se escapan a la “razón”; me refiero a los treinta días que demoró el Comandante para regresar a la Tierra desde el otro mundo.

En esta titánica tarea varias fuentes que van desde dioses griegos hasta enfermos de un sanatorio mental me han ayudado, a todos ellos les entrego mi reconocimiento.

 

En el capítulo especial de "Aló, presidente" desde el Tártaro no solo se habló del imperialismo yanqui, sino también del imperialismo, del imperialismo, del imperialismo y de la señora Zulema que "hace deliciosas arepas".

En el capítulo especial de “Aló, presidente” desde el Tártaro no solo se habló del imperialismo yanqui, sino también del imperialismo, del imperialismo, del imperialismo y de la señora Zulema que “hace deliciosas arepas”.

Hugo Chávez organizó una edición especial de “Aló, presidente” desde el Tártaro, adonde había ido a parar, según él, porque Minos, Éaco y Radamantis eran unos capitalistas asesinos. De hecho, durante la emisión de su programa televisivo dijo que los tres jueces de almas eran en realidad los mismos que destruyeron Marte y que, siglos más tarde, escondidos en un laboratorio de la CIA en Nevada, habían inventado el cáncer.

Hades y Perséfone estaban en medio de su cena cuando escucharon la acusación. El dios del Inframundo estaba cansado del bolivariano.

― Tráiganme al loco, quizá pueda hacerlo entrar en razón.

Chávez, sin embargo, no estaba dispuesto a negociar, él quería volver a la vida a cualquier costo, aunque eso significara organizar manifestaciones violentas, empuñar los fusiles, llamar a Rafael Correa o, lo que es peor, dejar en el aire el programa “Aló, presidente” por los siglos de los siglos…

En la imagen se puede ver a Perséfone desmayada en los brazos de Hades, mientras varios miembros de las milicias bolivarianas los acosan con toallas higiénicas reutilizables.

En la imagen se puede ver a Perséfone desmayada en los brazos de Hades, mientras varios miembros de las milicias bolivarianas los acosan con toallas higiénicas reutilizables.

Hades no hizo caso de las amenazas, supuso que un socialista como aquel no sería tan perverso como para cumplirlas, pero estaba en un error: esa misma noche el Comandante se apareció en los sueños de Rafael Correa, Evo Morales y Cristina Fernández; les dijo que debían bajar al Inframundo para rescatarlo porque los gringos imperialistas estaban conspirando contra la revolución, al tiempo que les autorizaba a utilizar cualquier medio que fuera necesario para cumplir con el cometido, aun si esto significaba sacar los 137 millones de dólares que su familia había ahorrado en bancos yanquis imperialistas para alimentar a los niños pobres que viven en la Fosa de las Marianas.

Los tres mandones[1], víctimas del desasosiego, se pusieron a cumplir con su misión, acudiendo a la UNASUR y “a la” ALBA. Se denunció a las organizaciones de derechos humanos, a la prensa y hasta a Dios por haber creado la muerte con el fin de destruir al socialismo. Durante esta épica lucha, Cristina se compró carteras Louis Vuitton, Rafael encerró a dos fulanos  por conspiradores y Evo se puso a experimentar con pollos para encontrar la cura de la calvicie.

Los culpables de la calvicie y la homosexualidad de los europeos, según Evo (¡!).

Los culpables de la calvicie y la homosexualidad de los europeos, según Evo (¡!).

De todas maneras, ver en televisión las caras de estos tres adalides no fue lo que hizo que Hades se doblegara – aunque sí le provocaron una subida de tensión que por poco termina en un derrame cerebral –, sino las interminables arengas de Hugo que casi siempre iban seguidas de una cadena de expropiaciones.

― ¡Lárgate, Chávez, lárgate y no vuelvas por aquí! ¡Ni al transformarme en el snack de Crono, mi padre, sufrí tanto como ahora!

En seguida, el bolivariano espíritu se puso a cantar una ranchera de Vicente Fernández, al tiempo que se preparaba para su regreso.

― Sin embargo – le dijo el dios del Inframundo con una sonrisa imperceptible –, no podrás volver como humano, eso es imposible; lo máximo que puedo ofrecerte es que lo hagas como roedor o pájaro. Tú decides.

El comandante, comprendiendo que esa era su única opción, optó por el ave porque rata ya había sido.

Así, el espíritu bolivariano – en este caso es literal – fue hasta las orillas del Aqueronte, donde un barquero aguardaba para llevar a los muertos de un lado a otro. Como Chávez no poseía un óbolo[2] para pagar el viaje, se quedó varado.

Caronte luchando contra la correntosa retórica de Chávez, casi muere ahogado.

Caronte luchando contra la correntosa retórica de Chávez, casi muere ahogado.

Caronte fue inflexible. La promesa de regalarle una lata de caviar iraní si lo dejaba cruzar la primera vez nunca se cumplió, así que no volvería a engañarlo.

― Chico, pareces un imperialista yanqui, ¡déjame pasar, cónchale vale!

El aludido ni siquiera se molestó en contestar.

― Ya sé quién tú eres, a mí no me engañas… Eres míster Danger, por eso me impides salir, lo que quieres es matarme de nuevo, ¡terrorista, capitalista!

El barquero, harto de la perorata, dijo:

― ¡Está bien, te llevaré, pero cállate!

El Comandante, fulminado por el miedo, solo se atrevió a murmurar: “¡expropie!” Por lo demás, finalmente pudo comprender que su retórica era un poderoso instrumento de tortura.

El barquero y Hugo emergieron en la región de Epiro, en Grecia. Apenas la luz del sol se hizo presente, el alma encarnó en un nuevo cuerpo bolivariano, el de un pájaro llamado “tapaculo” (Scytalopus latrans); era pequeño, negro y, por fortuna, no podía hablar.

Decepcionado de su suerte, voló sin descanso hasta llegar a Venezuela y apenas estuvo en Margarita, supo que su Delfín se hallaba en aprietos porque, otra vez, los imperialistas intentaban acabar con el mayor logro del socialismo bolivariano: las toallas higiénicas reutilizables.

El pajarito chiquitico. el tapaculo se supone que es experto en tapar orificios como el de Maduro (me refiero al de la cabeza).

El pajarito chiquitico. El tapaculo es un tipo de ave que se supone que es experta en tapar orificios como el de Maduro (me refiero al de la cabeza).

El 3 de abril de 2013, Chávez – tapaculo fue a encontrarse con su destino en Barinas, apareciéndose ante su sucesor, Nicolás Maduro, y, encaramado en una viga de madera de una capilla donde este hacía algo, no se sabe con certeza qué – ¿rezar? –, se puso a silbar. El tono inconfundible lo detectó el Delfín, respondiendo de la misma forma.

“¡Que me des alpiste! – repetía el tapaculo desesperado sin lograr que lo comprendiera –. ¡Deja de silbar, pendejo!”

El Comandante pajarito se dio cuenta, entonces, que la única forma de salvar a la revolución era quedarse al lado de Maduro y, sin pensarlo, se puso a anidar en su cabeza, al fin y al cabo era un lugar completamente vacío y oscuro donde los capitalistas conspiradores jamás lo buscarían para asesinarlo, inoculándole el cáncer de nuevo.

 

Maduro nos conmueve con su revelación.

Llegada de Chávez al Inframundo. La desazón de los que lo recibieron se puede ver en sus rostros.
No es una suela de zapato, no es una simple toalla higiénica, ¡es el origen del agua de rosas!
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[1] Mandatarios, fue un lapsus lingüístico.

[2] Antigua moneda imperialista con la que los imperialistas del imperialista Inframundo impedían que los pobres descansen en paz.