Biografía apócrifa: ESQUIZIUDADES

Esquiziudades“, publicada en noviembre de 2018 por el Núcleo Pichincha de la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

Los escritores, escribidores y excretores cuando dan a luz un libro se empeñan en convencer a sus víctimas – lectores que tan interesante como la creatura es la historia de su gestación.

Lo cierto es que los casos de manuscritos hundiéndose en el mar o que siguieron el camino del olvido a bordo de vagones del Orient Express se repiten con la misma frecuencia con la que se publican libros que podrían haberse evitado tal destino.

Si usted, querido lector, es un entusiasta de las sopas de letras con seguridad habrá leído que Hemingway[1] perdió, a bordo de cierto tren que unía Francia con Suiza, una maleta llena de escritos.

Los que creen en la justicia divina[2] dirán que se trató de un castigo, pues la mujer que embarcó el equipaje en París fue la primera esposa del señor Papa[3], al mismo tiempo que este le buscaba un reemplazo definitivo.

Por aquellos años, un Kafka abatido por la tuberculosis, ordenaba a su amigo Max Brod y a su última pareja, Dora Damiant, que echasen a la pira sus trabajos, víctima de un pudor poco frecuente en el universo artístico.

Como sucede a menudo, los albaceas del difunto eran unos desgraciados y no le hicieron el menor caso: los papeles que poseía Brod fueron a parar en la imprenta, mientras que los de la “viuda”, en las oficinas de la Gestapo.

El fuego, no obstante, sí fue el asesino de los poemas de un Platón que todavía no era filósofo y de la versión primigenia de “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde”.

¡Extraños casos!

El neonato que protagoniza este artículo, “Esquiziudades”, también tiene una historia curiosa. Es hijo de dos padres, como es habitual en casi todas las gestaciones, y ambos, como también es habitual casi todas las gestaciones, no se conocían antes del engendramiento.

La criatura – libro, por lo tanto, tiene el sello de la incertidumbre, pues ninguno de los progenitores sabía qué esperar de su experimento, como también es habitual en las gestaciones.

El escribidor de esta nota, siempre audaz, invita a través de sus redes sociales a enviarle declaraciones de guerra con la esperanza de que nadie le haga caso, pero cierta mañana, de esas septembrinas que no se puede saber si son de verano o de otoño, un mensaje cibernético proveniente de las sabanas bogotanas, cambió todo.

Se pregunta quién es el agradable sujeto que se esconde tras las líneas de este blog, averígüelo aquí.

Uno de los futuros padres[4], ecuatoriano en el exilio, había tenido la idea de presentar un libro de crónicas a cierto concurso propuesto por el Núcleo Pichincha de la Casa de la Cultura.

El problema que comparten autores buenos y malos es que, pese a estar por horas sembrados frente a un computador, lo producido nunca alcanza para llenar un libro porque es poco lo que en realidad logró pasar de la cabeza al archivo de Word o porque lo que sí lo consiguió no lo merecía. Así, cuando debe cumplir con un mínimo de páginas no tiene ni la mitad o, a veces, ni la mitad de la mitad.

El futuro padre en el exilio había leído algunos textos del futuro padre que no está en el exilio[5], animándose a remendar su criatura con retazos de la ajena.

Aunque no lo parezca, “Esquiziudades” es un libro cosmopolita. Algunas de sus personajes salen del patio trasero para visitar el delantero, aunque este se encuentre ocupado por Sherlock Holmes

Como es un hombre sagaz, el proponente se dio cuenta que ambos proyectos eran completamente diferentes: el primero, el suyo, era mucho más íntimo, enfocándose en sus experiencias y las personas que han configurado, sin saberlo, su personalidad. El segundo[6] era más frío porque, por lo general, hablaba de muertos.

Esta debilidad, que solo se evidenció cuando el plazo del concurso estaba a punto de vencer, pudo superarse con retórica[7]: “nuestro libro pretende enfatizar las diferencias entre las dos maneras de entender el género de la crónica[8]”.

Lea, en este enlace, qué es lo que hermana a Sherlock Holmes, Papá Noel, Romeo y Julieta. Una crónica incluida en “Esquiziudades”.

Para llegar a esa frase que dice tanto y tan poco al mismo tiempo, este escribidor había pasado noches en vela y horas de terrible desasosiego porque era incapaz de completar ni siquiera la cuarta parte de lo que su nuevo amigo le había solicitado…

Hubiera sido poco decoroso admitirle a la primera persona que respondió a la declaratoria de guerra que iba a desistir por falta de granadas, así que se hizo necesario recurrir a la invención de armas que jamás imaginó: extraterrestres y cines pornográficos, entre otras delicias.

El cóctel resultó exitoso y la retórica, por una vez, quedó respaldada con los hechos. Las “Esquiziudades” se convirtieron en un retrato de casi 160 páginas donde los demonios de las ciudades saltan en forma de letras para descerebrar a los lectores que nunca habían reparado, víctimas de su cotidianeidad, en el manicomio del mundo que los rodea.

El neonato ganó el concurso y los padres, entre exultantes y horrorizados, lo descubrieron cuando ya no había otra alternativa que someterse a la furia del destino, dejando que, con todo y errores, el libro siguiera su camino hacia la imprenta.

Ahora, el monstruo de Frankenstein, guillotinado y sangrando tinta, llega a sus manos, querido lector, para aterrarlo porque desnuda a las ciudades, pero también a usted, a sus hijos y a los mismos escribidores que lo crearon[9].


[1] “Big Pappa” para unos masáis que lo veían ir de aquí para allá cazando leones negros, avestruces sin alas o hipopótamos cúbicos

[2] No es nuestro caso, por supuesto.

[3] Hemingway, no el tubérculo o un tuberculoso infalible del Vaticano.

[4] Responde al nombre de Jonathan Álvarez.

[5] Es decir, yo.

[6] El mío.

[7] A la que se recurre siempre que no hay alternativas serias.

[8] Imprescindible leer esta frase con voz de erudito.

[9] Estas notas al pie, por otra parte, son prescindibles, pero es impensable un artículo serio sin ellas…

LOS TUITS DE GÓMEZ DE LA SERNA

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“El circo de las ondas”, dibujo de Ramón Gómez de la Serna.

“― ¡Muero por amor! – exclamó la margarita al tiempo que una adolescente le arrancaba su último pétalo.”

Al analizar el ADN de ese tuit encontrado al azar, es probable que llegamos al microcuento de Augusto Monterroso o, más atrás, a la greguería de Ramón Gómez de la Serna. Los tres están emparentados por la efectividad y son balas de ingenio.

Hoy, las redes sociales han abierto sus puertas para que legiones de escritores anónimos se atrevan a publicar, sin control y sin miedo, sus ideas, relatos o poemas.

Si bien es cierto que esta emancipación no necesariamente implica calidad, los tuiteros seducen porque son capaces de expresar ideas de forma breve y con humor.

Sin embargo, esto no es nuevo. Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888), rara avis entre esas raras avis que eran los vanguardistas, había experimentado con el lenguaje hasta llevarlo a extremos increíbles.

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De “Automoribundia“, autobiografía de Ramón Gómez de la Serna. Fuente: Geocities, greguerías – retratos

La greguería, su más brillante invento, pretendía mezclar el humor con la poesía para producir dardos de palabras.

Un tuitero, de pronto, se podría sentir atraído con un Gómez de la Serna que definía a letras, animales, personas e incluso a él mismo usando breves y mordaces metáforas.

El escritor español era un innovador. Cada género que abordaba hacía lo imposible por llevarlo hasta el límite. Era un Leonardo Da Vinci de la lengua. Se burlaba de las normas, caía en el laísmo con la misma desfachatez con la que acudía a las conferencias disfrazado de sarraceno.

Vivía la vida como si se tratase de un lienzo, comprendía que él era la obra y sus libros no podían estar desligados.

Abrir uno de sus volúmenes es como desnudarlo: cada página es una prenda de ropa interior, cada párrafo, un tejido y cada palabra, una célula.

Al escribir biografías, escogía personajes con los que pudiera sentirse identificado para convertirlos en proyecciones de sí mismo, mientras que en sus novelas los protagonistas son sus alter egos incongruentes.

Gómez de la Serna es un universo y sus libros, planetas dentro de él.

Probó todos los géneros (biografías, microrrelatos, ensayos, novelas) y cuando ya no fueron suficientes, creó uno nuevo, único, íntimo: la greguería. Su fórmula “matemática” es humor más metáfora y aunque, al principio, eran extensas y a veces demasiado complejas, poco a poco, adquirieron sencillez.

No obstante, aquella característica no implica banalidad. Las greguerías son profundas porque convierten al humor en un mecanismo para alcanzar la catarsis. Están muy relacionados con aquellos poemas breves del Japón, los haikus (a los que el español admiraba profundamente), porque aspiran a provocar un impacto (un “despertar”) en la mente del que lee.

En el siglo veintiuno, Gómez de la Serna es un desconocido. De hecho, su olvido se remonta incluso a sus últimas décadas de vida (años cincuenta y sesenta del siglo veinte), cuando aquel hombre que se había empeñado en impulsar nuevas corrientes artísticas, empezaba a quedar sepultado por ellas.

El español viviría encantado en esta época, tan llena de artilugios. Aquel hombre que coleccionaba maniquís, estampillas, monóculos e ídolos africanos no tendría reparos en llenar cajas con celulares o aparatos destartalados, pero sobre todo se dedicaría a promover a esos autores anónimos que, sin saberlo, repiten las fórmulas de sus greguerías en ciento cuarenta caracteres (o, ahora, en doscientos ochenta).

En estos tiempos hay prisa y pese a que aún la gente se atreve a leer novelas, la mayoría de jóvenes están sometidos a bombardeos incesantes de información, de modo que redes como Twitter son oasis de brevedad.

Cansados de desfiles inacabables de letras, se sientan frente a la pantalla y abren la camisa para morir acribillados con frases cortísimas.

La historia de la literatura es la historia de la repetición: todo lo que se considera novedoso, alguien ya lo hizo. De la misma manera que Gómez de la Serna se inspiró en los haikus y, acaso, los microcuentos de Monterroso en las greguerías, los tuits, por un misterioso arquetipo, repiten patrones presentes en ambos.

Pocos jóvenes leen a Matsuo Basho, Monterroso o Gómez de la Serna, pero a través de sus abuelos, padres, tíos… esos escritores se han instalado en su inconsciente.

Las creaciones contemporáneas no son más que repeticiones con chips de algo que ya quedó escrito en eso que el crítico estadounidense Harold Bloom habría llamado el canon de la literatura mundial.

BiblioRecreo: el bus que promueve la lectura (II)

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El bus del BiblioRecreo se encuentra en el parqueadero externo del Centro Comercial El Recreo, al sur de Quito.

“El BiblioRecreo fue concebido como una biblioteca que funcionaría para el deleite de la lectura”. Así define Claudia Bugueño, actual encargada, a un proyecto que ha roto esquemas dentro del mundo de lectores quiteños.

La biblioteca empezó a operar en octubre de 2013, pero decidieron convertir al 23 de abril, Día Internacional del Libro, en su fecha de cumpleaños oficial.

La iniciativa fue del Centro Comercial El Recreo con el apoyo del Estado a través de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Entidad que entregó, en comodato, el bus Ford de los años setenta en el que ahora hay cientos de libros y un nuevo tipo de viajeros…

“El objetivo principal de la biblioteca es incentivar la lectura, poniendo énfasis en los primeros lectores, además de acercar, con libros, un mundo de sueños a nuestros clientes”, explica Marienela Berrazueta, administradora general del centro comercial.

Dentro del bus no hay descanso. Las bibliotecarias acomodan libros, los recomiendan, llenan fichas, redactan publicaciones para la fan page de la biblioteca en Facebook y hasta toman fotos para los carnés de los nuevos usuarios.

Los sábados, a media tarde, es frecuente que el bus esté abarrotado como en el tiempo en que era un medio de transporte. La temperatura aumenta. Por aquí o por allá, el visitante se cruza con un lector empeñado en llevarse Los diez negritos de Agatha Christie, otro que pide recomendaciones de autores ecuatorianos de ciencia ficción y hasta con una chica colorada que escarba entre las estantes buscando amores vampíricos.

Nadie juzga. Todos leen lo que quieren y son felices con sus libros.

“BiblioRecreo es un espacio cultural que incentiva la lectura y un punto de encuentro seguro que pone al alcance de todas las personas, en especial niños y jóvenes, los títulos literarios más destacados bajo el formato de estante abierto sin que los costos sean un limitante”, continúa Marianela Berrazueta.

Las estadísticas del BiblioRecreo están plagados de datos sobre el público capaces de aniquilar cualquier prejuicio. Por ejemplo: en el sur de Quito sí hay lectores, las mujeres son las que más leen y los adolescentes tienen interés en la lectura.

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Para Erika Guevara, una de las usuarias más frecuentes del BiblioRecreo, el secreto de la atracción que ejerce la biblioteca sobre sus usuarios es el ambiente acogedor y la variedad de géneros que se pueden encontrar.

Juan Romero Vinueza, poeta y lector, está de acuerdo con que la variedad es una de las cosas que le gustan, pero el hecho de que sacar un carné cueste menos de diez dólares al año y que, con él, se pueda acceder a cualquier libro y llevarlo a la casa por una semana, es crucial.

Él llegó al BiblioRecreo desde el norte de Quito, a bordo otro bus y recomendado por el escritor Adolfo Macías, quien fue uno de los autores invitados a la biblioteca.

“Alguna vez, en una conversación que tuvimos (con Adolfo Macías), estábamos hablando sobre las bibliotecas en Quito y (sobre) que casi todo estaba concentrado en la Universidad Católica, la San Francisco o en el Centro Cultural “Benjamín Carrión”, pero que no había más opciones que tuvieran cosas interesantes. Claro, está la de la Universidad Central, pero a su biblioteca no la han renovado hace mucho tiempo, sobre todo en el área que me interesa, que es la literatura. Adolfo me dijo que había un bus blanco en el Centro Comercial El Recreo que tenía cosas muy interesantes. Me recomendó que lo visitara para que lo viese con mis propios ojos.”

Pese a que los jóvenes son el público más numeroso, no es extraño encontrar gente de otras edades y ámbitos: amas de casa o profesionales de áreas tan distintas como las matemáticas y el arte.

Uno de ellos, Ramiro Castro es profesor y uno de los usuarios más antiguos:

“Me enteré (de su existencia) por publicidad dentro del Centro Comercial antes de que abrieran. La verdad es que estaba muy impaciente porque me pareció una idea genial. Ha superado mis expectativas”.

Al igual que otros lectores, el ambiente acogedor y la facilidad para sacar libros son las cosas que más le atraen, pero hay otro detalle: BiblioRecreo no es una institución acartonada que se dedica exclusivamente a prestar libros, sino un lugar en el que los lectores pueden interactuar e involucrarse en diversas actividades como talleres, sesiones de cine, clubes de lectura.

Ramiro Castro y Juan Romero Vinueza tuvieron la oportunidad de pasar del papel de usuarios al de expositores.

“La interacción con el público de esta biblioteca es distinta a la de otros lugares donde participé en talleres. En general, hubo gente bastante joven y que estaba interesada en la poesía, pero que no tenía una idea muy clara de qué era ni cómo se comía eso. No obstante, lo más interesante, para mí, fue que allí no importa quién eres (es decir, si se trata de un escritor consagrado, uno novel, un profesor o lo que sea), hay que ganarse la atención”, cuenta Juan Romero, quien dirigió, el 17 de marzo de este año, un taller sobre lenguaje poético a bordo del bus.

“Intenté que no sea tan ‘magistral’ el taller, sino que mediante las lecturas, los mismos asistentes lograsen obtener una perspectiva de lo que había pasado con la poesía en esos años. No fue una cuestión extremadamente teórica, sino más bien una aproximación lectora a las obras en sí, un acercamiento – el primero, en muchos casos – a textos que, a mi parecer, fueron notables en la primera mitad del siglo”.

Por otro lado, Ramiro Castro saltó al ruedo en el “CinEncuentro” de mayo, evento que busca atraer nuevo público lector a través de la exhibición de películas inspiradas en obras literarias. Comparando ambos lenguajes, el de las imágenes y el de las palabras, se pretende desarrollar el gusto por el arte y una comprensión más profunda de los libros.

Usualmente esta actividad ha contado con invitados que van desde escritores hasta blogueros, pero en esta ocasión se ensayó algo distinto: invitar a uno de los espectadores a convertirse en moderador.

Ramiro Castro se sintió satisfecho con el resultado: el público le abrió los brazos y fue una experiencia nueva y grata.

BiblioRecreo no es una biblioteca ordinaria como aquellas que se ven en las películas antiguas. No hay un mostrador separando a bibliotecarios del público y tampoco empleados con mandiles negros de polvo. Lo que sí hay es estantes expuestos para que la gente pueda manipular los libros a su gusto.

Además, si bien es cierto que su primer objetivo apunta al préstamo de libros, la gestión cultural es clave. Claudia Bugueño es asidua en ferias y demás actos culturales.

Igual que un cazador, busca una nueva presa que pueda llevar sus conocimientos a la biblioteca,  promoviendo talleres, charlas o incluso la presentación de nuevas obras.

“En el BiblioRecreo, los escritores van a cautivar a sus futuros lectores, no tienen conocidos ni está a su alrededor el mundo literario e intelectual que siempre los sigue, simplemente se encuentran frente a potenciales lectores y punto. Por tanto, para ellos resulta un reto también”.

Clau BusLEA LA ENTREVISTA COMPLETA A CLAUDIA BUGUEÑO SOBRE EL BIBLIORECREO DANDO CLIC EN ESTA FOTO…

La imagen de la biblioteca le ha abierto puertas, los autores van gustosos y se despojan de sus medallas para hablar con gente que no necesariamente los conoce, sobre todo, en un país que, como dice Claudia, los autores locales no atraen porque se los promociona poco.

Álex Vicente es otro usuario antiguo. Llegó al BiblioRecreo al poco de que empezara a funcionar por una tarea del colegio. El proyecto entonces estaba liderado por Adriano Valarezo, quien es un gran conocedor de literatura y cuyas recomendaciones atraparon a un buen porcentaje de gente.

“La primera vez que llegué fue una experiencia muy interesante. No había visto en años una biblioteca con tantas novedades, una amplia selección de libros, además del servicio de préstamo a domicilio y la gran personalidad de Adriano, un hombre muy preparado que supo desde el inicio darme grandes recomendaciones que hicieron que siempre desee volver.”

Sobre aquella época, la bibliotecaria más antigua, Sonia Ortega, explica que la iniciativa surgió gracias al ingeniero Mantilla, dueño del C. C. El Recreo, quien es un conocido amante del mundo de los libros. Luego, la Casa de la Cultura entregó el bus y el centro comercial se esforzó por darle una segunda vida.

Claudia Bugueño apunta a que una de los principales logros de Adriano fue la capacidad para elegir el fondo de libros adecuado, lo que implica tener un conocimiento amplio de literatura y además arriesgarse, toda vez que era imposible conocer de entrada cuáles iban a ser las lecturas capaces de provocar interés. Además, con su mística de trabajo, pasión y conocimiento, atrajo a mucha gente.

Sonia

Sonia Ortega es la bibliotecaria más antigua. Antes trabajó en la extinta librería “Libro Express” (Q.E.P.D.).

Según Claudia, la tarea de ahora es distinta: se trata de una etapa de consolidación, la biblioteca ha dejado de ser una novedad y, por lo mismo, ya no atrae tanto a los medios y al nuevo público, así que requiere un esfuerzo especial.  “Hoy, mi función es sostener el proyecto y hacerlo crecer”.

Para cumplir con esto, se procura descentralizar las funciones, evitando que todo dependa de una sola persona y se prepara a las bibliotecarias para que respondan a cualquier necesidad que se presente. Al fin y al cabo, “la gente no es eterna en las instituciones y lo que debe prevalecer es el proyecto por sí solo, de modo que la biblioteca siga funcionando aunque hayan salido una, dos o más personas”, dice Claudia.

En los últimos meses, el BiblioRecreo se dividió en dos áreas: la infantil y la de adolescentes y adultos, esta última permanece dentro del bus, mientras que la otra se ha mudado al centro comercial, a pocos metros de uno de los patios de comidas.

Allí, una nueva camada de bibliotecarias se esfuerza por atraer a los más pequeños. “A diferencia del otro Biblio, aquí la gente no se queda mucho tiempo y rara vez se lleva los libros, pero hay mayor afluencia, especialmente los fines de semana”, según Gina Ruiz, una de las encargadas de esa sección.

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El neonato BiblioRecreo infantil, dentro del Centro Comercial El Recreo.

Ella, como Claudia y Sonia, fue librera antes y tiene alguna experiencia en recomendar, aunque admite que es muy distinto el ambiente. “Aquí no hay la presión de vender, lo que importa es que la gente disfrute de su lectura y que se relacione con los libros”.

Gina menciona que uno de los esfuerzos en los que el BiblioRecreo se encuentra empeñado es su articulación con la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. La idea es convertir a las bibliotecas en grandes emporios de conocimiento para que el público pueda capacitarse y enfrentar los desafíos de una sociedad mucho más compleja con problemas ambientales, sociales y económicos.

Claudia Bugueño dice que el BiblioRecreo es la prueba de que se puede hacer un trabajo conjunto entre Estado y empresa privada para promover la cultura. No es cierto que a ellos no les interesa la gente, es solo que falta gestión y acaso aquello es responsabilidad de los propios actores culturales, quienes no comprenden que “si la comunidad no viene a uno, hay que salir en su búsqueda, tratando de fomentar redes de apoyo sostenible con educadores, directores o autoridades que representen al mundo educativo o que estén destinados a hacer políticas públicas para mejorar el nivel de educación y cultura en el país”.

Mientras registra una pila de libros recién devueltos, Claudia explica, casi como si estuviese hablando consigo misma, que su objetivo es establecer parámetros de calidad, de manera que si otra persona llega a encargarse, podrá entender sin problema todos los procesos, pero sobre todo procurando “hacer de la biblioteca un lugar en el que la gente se sienta cómoda, acogida, respetada y escuchada”.

BiblioRecreo, un bus que promueve la lectura

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El bus del BiblioRecreo se encuentra en uno de los parqueaderos del Centro Comercial El Recreo.

 

BiblioRecreo es una biblioteca, sí, pero también es el punto de encuentro de escritores y artistas con la comunidad.

Se trata de un proyecto que ha cumplido, oficialmente, cuatro años y en el que el Estado, a través de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, y la empresa privada, liderada por el Centro Comercial El Recreo, se aliaron para el desarrollo cultural de Quito, en especial la zona sur.

Claudia Bugueño, actual encargada del proyecto, es una comunicadora social que ha ejercido de todo menos de comunicadora social (salvo por un breve desliz al inicio de su vida laboral). Librera y ahora biblotecaria, cree que su objetivo es fortalecer los lazos, convirtiéndose en una facilitadora que reduzca la separación entre los artistas y el público en general.

Conversamos con ella sobre bibliotecas, cultura y otros demonios maravillosos.

 

¿Qué es el BiblioRecreo? ¿Cómo se puede definir a este proyecto?

BiblioRecreo es el proyecto de responsabilidad social permanente del Centro Comercial El Recreo, cuyo principal objetivo es satisfacer la necesidad de ocio constructivo en el sur de Quito, es además un centro de difusión cultural que realiza actividades permanentes enfocadas en difundir la lectura, siendo un mediador entre el mundo artístico y cultural de la ciudad.

Su principal servicio es el préstamo de libros a casa, previo la inscripción.

Tu profesión es la de comunicadora, en BiblioRecreo te has transformado en bibliotecaria y en gestora cultural, ¿tu formación ha sido un aporte para tu trabajo actual o te ha tocado hacer un borrón y cuenta nueva por las exigencias actuales?

Afortunadamente mi formación es la de comunicadora social para el desarrollo, lo cual implicó que aprendiese metodología de planificación y evaluación de proyectos, aspectos que he podido aplicar en mi actual trabajo. Sin embargo, la formación de bibliotecaria ha debido ser en un inicio empírica. Ayudó mucho mi oficio de librera durante siete años, de aquella experiencia aprendí sobre el mundo del libro en aspectos como autores que no estaban en mi registro lector, editoriales, importaciones, manejo de inventario, elaboración de pedidos y formación de personal librero. Este último aspecto es el más demandante.

En cuanto a la formación como gestora cultural, apenas siento que estoy iniciando, es un oficio que requiere de constante preparación y creatividad, pero nada es nuevo, las actividades que he ido implementando en BiblioRecreo son producto de constantes lecturas e investigación de actividades culturales exitosas en otras bibliotecas; es un constante ir probando, ajustando, mediando, pero sobre todo muchas de las ideas vienen del contacto constante con lectores y con personas vinculadas con el medio cultural.

Otro de los buenos retos de este oficio, es la demanda profesional que ha significado para mí y mi equipo de trabajo: capacitarme para capacitar luego, demostrar que este oficio requiere de constante auto formación. Como no existe una carrera oficial de bibliotecología en la ciudad, salvo en provincias y no ofrecen la modalidad de estudios a distancia, la opción es prepararse con talleres, cursos, diplomados, etc.

¿Qué tan receptivo es el público de Quito a los eventos que promueve el BiblioRecreo? ¿Hay interés en la literatura y el mundo del libro?

En un inicio, hay interés por probar, involucrarse con el mundo de la lectura, especialmente en los jóvenes, impulsados por la novedad de leer las sagas best – seller o libros que han sido adaptados a películas o series. Luego, poco a poco, las motivaciones van cambiando y es nuestra misión bibliotecaria que así sea, proponiendo nuevas  lecturas, creando lazos amistosos y cordiales con los lectores, es de esta manera que los convencemos y los seducimos para participar de las actividades culturales que proponemos y que ellos, con su participación exigua o masiva, nos dejen saber sus preferencias, pero si no se les propone distintas actividades no puedes saber qué funciona y que no.

No es un paraíso, hay que ser muy recursivo y apostar a varios frentes para atraer a la gente hacia los eventos, especialmente cuando se invita a escritores locales, ya que la literatura ecuatoriana en general no produce mucho interés entre la gente. Solo si pudiésemos revivir a un Pablo Palacio, a un César Dávila o a un Medardo Ángel Silva, los lectores vendrían sin tanta logística de por medio.

Sin embargo, cuando logras que vengan (después de explicarles con discursos, apelando al compromiso con el BiblioRecreo, después de llamadas, mensajes, etc.), cuando al fin lo logramos, digo, se sientan frente a los autores y lo disfrutan.

 

 

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BiblioRecreo ahora tiene un área, fuera del bus y dentro del centro comercial, dedicada exclusivamente al público infantil. Claudia Bugueño lidera el proyecto.

 

Hay un prejuicio en Quito: “en el sur de la ciudad no hay lectores”. Desde tu perspectiva, ¿es verdad esa afirmación o, más bien, el problema es que esa idea ha impedido la apertura de espacios para que los posibles interesados visiten y se reúnan?

En el sur se lee y yo diría que mucho, no en vano BiblioRecreo tiene un promedio de prestaciones de 600 a 800 libros al mes. Este dato es importante, vamos a los 3400 usuarios.

Creo que esa idea falsa de que en el sur no se lee, se fue repitiendo como un estigma negativo y ha sido necesario que pasen casi cinco años de funcionamiento del BiblioRecreo para que una librería decidiese abrir sus puertas y vender sus libros en el mismo centro comercial, así como para que un proyecto particular que lleva el nombre de biblioteca, pero que en realidad funciona como librería, porque vende libros, se posicionase en otro centro comercial del sur.

 

¿Los artistas e intelectuales son accesibles y colaboran para atraer a la gente o, por el contrario, convierten a la literatura en una cosa hermética?

Son accesibles cuando los invitas. Debo decir que BiblioRecreo ha ido construyendo una imagen de posicionamiento en el mundo cultural e intelectual, lo reconocen y le tienen estima y los que no lo han conocido, tratamos de que lo hagan a través de una agradable experiencia como invitados especiales en nuestro espacio, los tratamos con respeto y consideración.

Somos conscientes de que nuestras mejores referencias las dan los mismos usuarios y los actores culturales que se han acercado como invitados especiales. Ellos son nuestros promotores.

En el BiblioRecreo, los escritores van a cautivar a sus futuros lectores, no tienen conocidos ni está a su alrededor el mundo literario e intelectual que siempre los sigue, simplemente se encuentran frente a sus potenciales lectores y punto. Por tanto, para ellos resulta un reto también.

Además, como la sala es pequeña, el contacto es más íntimo, no se puede rehuir la mirada ni los gestos.

¿Qué hace que el BiblioRecreo sea diferente de otras bibliotecas?

Desde su presentación es distinto. La biblioteca se encuentra instalada o montada sobre un bus Ford de los años 70 que pertenecía a la Casa de la Cultura y que fue entregado bajo la figura de Comodato al Centro Comercial El Recreo.

Luego, BiblioRecreo asumió el riesgo de prestar libros a casa sin mayores trabas, ni requisitos para inscribirse. Solo pedimos un valor simbólico de $3 para menores de 12 años y $5 para mayores de 12 años anual como inscripción y referencias telefónicas de familiares. Nada más.

Es una biblioteca dedicada al placer de la literatura, no funcionamos con textos escolares ni académicos y su presentación es a stand abierto. El lema es: “el libro debe estar cerca y accesible para los lectores – usuarios”.

BiblioRecreo funciona como un organismo vivo, es decir, los lectores pueden conversar, reír, intercambiar ideas con otros y siempre están pasando cosas nuevas: eventos, actividades, movimiento, cambios. Así deben operar las bibliotecas hoy por hoy.

 

Precisamente, ¿Quito es una ciudad con suficientes bibliotecas, responden a las necesidades de la gente o, de plano, la gente no las visita y, por lo mismo, el Estado no las ve como una necesidad?

Creo que no se han levantado estadísticas actualizadas del número de lectores y tampoco se sabe qué tipo de bibliotecas son las que requieren (temáticamente hablando). Frente a esta situación creo que no se podría determinar si son suficientes o no.

La red Metropolitana de Bibliotecas atiende a un público más académico, la biblioteca Eugenio Espejo, maneja títulos históricos y opera más como archivología que como biblioteca.

No tenemos una biblioteca nacional, creo que desde allí ya puedes tener un diagnóstico de que el movimiento bibliotecario ha sido replegado y que el acceso a la información y educación, ha sido escaso.

Quizás las personas no visitan mucho las bibliotecas porque ahora tienen acceso directo a información, lo importante es saber separar la que vale de la que no. Creo que si las bibliotecas cumplen con la función de ofrecer un espacio de acceso a información o entretenimiento, pero que además logren convertirse en un sitio de encuentro para que personas con similares intereses se puedan compartir sus experiencias, serán más visitadas y valoradas por la comunidad.

 

 

Bibliotecarias

Claudia Bugueño, Sonia Ortega y Helen Mora son tres de las bibliotecarias que dan vida al proyecto “BiblioRecreo”.

 

Cuando se visita el BiblioRecreo, es frecuente encontrar muchos jóvenes solicitando libros, ¿se cae con esto la frase “los chicos de ahora no leen”? ¿Cuál es el principal público del BiblioRecreo?

Nuestro grupo cautivo son los jóvenes de entre 13 y 18 años, quienes representan el 38% de nuestros usuarios frecuentes y, mes a mes, son el grupo del que más solicitudes recibimos. Luego viene el grupo joven adulto que está entre los 19 y 25 años y que corresponden al 32% de usuarios activos. Otra dato interesante es que siempre hay más mujeres registrándose en el BiblioRecreo.

 

BiblioRecreo no solo es una biblioteca, también es una suerte de centro cultural donde se organizan eventos relacionados con cine y literatura, ¿cómo recibe el público dichos eventos? ¿Cuáles son las principales dificultades que presenta esta doble función del BiblioRecreo?

Creo que la nueva concepción de bibliotecas va enfocada a ser un centro de mediación lectora y difusión cultural, es el nuevo esquema que una biblioteca debe manejar para difundir lectura y cultura.

Requiere de planificación llevar la tarea de manejar operativamente la biblioteca, es decir, llevar control de inventario, estar al tanto de las novedades literarias, atención personalizada a los usuarios y planificar trimestralmente una agenda adecuada para pulirla mes a mes.

Es importante que la biblioteca se difunda a través de redes sociales, interactuando con ese público también para difundir asertivamente y masivamente nuestro servicio y agenda cultural.

Puedes tener muchas ideas, pero lo importante es probar con los usuarios cuáles son las actividades que les gustan. El tiempo nos ha demostrado que lo que más aprecian son aquellas actividades que los involucran activamente como los clubes de libro, por ejemplo.

Los “CinEncuentros”, se han establecido con la finalidad de comparar el lenguaje literario con el cinematográfico y tener una visión amplia y completa de las artes, entendiendo que se alimentan entre ellas, cada una con sus propias características. Es una forma de impulsar la lectura y hacerla más atractiva.

 

En septiembre de 2015, los Estados miembros de las Naciones Unidas adoptaron la nueva Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, entre los temas que incluye, se expone el concepto de las bibliotecas como motores del cambio, ¿en Ecuador se está poniendo en práctica esta iniciativa o ha quedado en papeles?

Desafortunadamente, estamos muy retrasados en comparación a otros países de la región como Colombia, Chile y, claro, Argentina.

No aparecemos en el mapa de levantamiento de información de las bibliotecas, lo que quiere decir que no estamos trabajando en red, tampoco existe un organismo de regulación bibliotecaria, no tenemos un dato concreto de cuántas bibliotecas operan en el país y a cuántos usuarios benefician.

Hay mucho por hacer todavía. Por fortuna, existe una comunidad bibliotecaria que, por pequeña que parezca, está interesada en mejorar sus espacios de trabajo, a través de la permanente formación.

 

¿Cómo puede promoverse el desarrollo sustentable desde las bibliotecas y cómo se articulan estas dentro de los planes nacionales de desarrollo, considerando que la cultura usualmente es el rubro más descuidado del presupuesto nacional?

Las bibliotecas deben convertirse en organismos vivos en los que la comunidad pueda encontrar tanto información, como entretenimiento y un vínculo para relacionarse con sus pares.

Por ejemplo: existe la idea de que las bibliotecas en Ecuador se conviertan en centros de capacitación para educar en la manera de afrontar las emergencias.

En BiblioRecreo, queremos además apoyar a nuestros usuarios, lectores y profesores, en la realización de talleres de comprensión lectora, creación literaria, que los motiven a seguir relacionados con la lectura.

Otro de los conceptos que las bibliotecas y, por ende, los bibliotecarios debemos tener claro es que si la comunidad no viene a ti, hay que salir en su búsqueda, tratando de fomentar redes de apoyo sostenible con educadores, directores o autoridades que representen al mundo educativo o que estén destinados a hacer políticas públicas para mejorar el nivel de educación y cultura en el país.

BiblioRecreo, en su momento, hizo una alianza estratégica con una institución pública, la Casa de la Cultura, y con la empresa privada, marcas comerciales reconocidas, para lograr sacar adelante al proyecto y entregárselo a la comunidad del sur de Quito. Eso es el verdadero desarrollo sostenible, hacer todas las alianzas posibles en torno a un bien común.

 

Finalmente, ¿piensas que el BiblioRecreo es la prueba de que empresa privada y comunidad pueden trabajar juntos para el desarrollo del arte y la cultura?

Absolutamente, para el Centro Comercial, el BiblioRecreo es su proyecto estrella, una forma de relacionarse con sus clientes de una manera constructiva y alternativa, cambiando la “alteridad” del sector, ese concepto del que nos hablan tanto en sociología y comunicación, pero que es absolutamente viable y concreto en este proyecto: un antiguo bus blanco en medio del ajetreo diario al que muchos se acercan por curiosidad y otros porque es su espacio especial.

BiblioRecreo es la manera que encontró el C.C. El Recreo para hacer “marketing social” o de amor, el mismo que consiste en promocionar una marca a partir de proyectos nobles, innovadores y útiles para la gente.

Margarita para dos

nunca se sabe
Este relato fue publicado originalmente en Nunca se sabe. Antología de nuevos narradores ecuatorianos (Eskeletra y Cactus Pink, 2017).

Margarita me rechazó. Dijo alguno de esos tópicos que se usan en esas circunstancias – “me importa nuestra amistad, no quiero arruinarla” –, luego se marchó. Sospecho que fue a contárselo todo a su mejor amiga, Juliana, y ambas deben estar burlándose de mí.

Mis ganas de poseer a Margarita se mezclan con el anhelo de aniquilarla junto con la puta de su amiga.

Juliana es feminista, indigenista, animalista, ecologista y miles de “istas” más. La desprecio. La verdad es que se trata de una tipa común y corriente, sin gracia – o sea, sí es simpática… un poco bonita… o sea, sí está buena, pero es una pendeja –, una hijita de papá que llenó de cucarachas su cabeza cuando empezó estudiar en la universidad una carrera hippy como Antropología o Sociología.

Lo que me jode no es que sea una “ista”, sino que haya arrastrado consigo a mi Margarita. Por culpa suya, la relación que tenía con ella desde el colegio cambió. Entonces, éramos muy cercanos y quise – varias veces – decirle que la amaba, que quería hacerle el amor, que fuera la primera. No me atreví.

En la universidad opté por Literatura y ella por Geografía – “los ingenieros en petróleos tienen plata” –. En la ceremonia de graduación del colegio había sugerido que ingresáramos en una institución que tuviera ambas carreras para no separarnos y yo estaba convencido de que eso era una prueba de amor. Sin embargo, apenas inició el semestre, Margarita fue a una fiesta de su facultad y conoció a la pendeja de Juliana. ¡Todo se fue al carajo!, se cambió a la Escuela de Sociología y empezó a olvidarse de mí.

He tratado de enamorarla llevándola a presentaciones de libros de poesía erótica y llegué incluso a leer a Bukowsky, otro de sus nuevos ídolos. Veo solo cine independiente – nada “gringo y comercial porque TODO eso es una mierda” – e incluso me visto como a Margarita le gusta para complacerla. No lo consigo.

Últimamente ni siquiera quería salir conmigo, aunque quizá yo tengo un poco de culpa porque fui con Juliana y Margarita a dos de sus eventos y en ambos fracasé rotundamente.

El primero fue un mitin de un político que pretendía llegar dormido, literalmente, a la presidencia de la República. Creo que Margarita me dijo que estábamos en contra de él porque no se podía permitir que un durmiente gobernara al país… o quizá estábamos a favor… no recuerdo. Lo cierto es que terminamos en el retén de la policía pues, mientras huíamos del despelote que se armó, tropecé. Ellas, por ayudarme, cayeron conmigo en manos de los agentes.

El segundo fue mucho peor. Vino al país cierto filósofo alemán para impartir conferencias sobre el fin de la civilización burguesa. Margarita y Juliana estaban maravilladas y yo muerto de sueño. Mientras el alemán lanzaba sus alaridos, me dediqué, al principio, a leer a Hawthorne y luego a dormir. Más tarde, me dijeron, furiosas, que mis ronquidos eran muy fuertes y que no reaccionaba ni con codazos. En realidad, solo lo hice cuando un guardia nos echó a los tres en medio de las miradas burlonas del resto de asistentes y los alaridos hitlerianos del filósofo.

El perdón de Margarita lo compré con chocolates amargos y una edición de lujo de tres libros de Bukowski. Creo que los chocolates fueron un obsequio de gran calidad.

La puta de Juliana aprovechó la pelea para minar más mi posición. Margarita me contó que le dijo muchas veces que debía cortar para siempre conmigo porque la amistad con un burguesillo que lee a Melville o Kipling no vale la pena. “Tal vez si fuera Limónov, pero ¿Melville?”.

Quisiera gritarle a Juliana que es una pendeja pseudointelectual, pero es probable que ella diga que ese adjetivo me cuadra a mí y no podría responderle ni mierda.

Cuando finalmente Margarita me perdonó, creí que era mi última oportunidad para hacer que se enamorase de mí.

Le compré “Poesías Completas” de Pizarnik, más chocolates, más Bukowski y un poco de Nietzsche, incluso descargué canciones de Serrat en su iPod, intenté que recordara nuestros años de colegio, la promesa de no separarnos jamás y ofrecí entregarle todo lo que me pidiera, aun la vida si fuera necesario. En pocas palabras, le dije todas esas cagadas que se escupen cuando uno está enamorado hasta las patas. No sirvió.

Ella me miró con cara de asombro, como si le estuviera diciendo que, en realidad, Dios no había muerto o, peor, que ser comunista y seguidor de Nietzsche es un contrasentido… En fin, una monstruosidad.

Cuando se repuso de la primera impresión me dijo que ella no podría verme jamás como algo más que un amigo, que no tenía esa clase de gustos. “Tal vez si fueras diferente…”

Rogué que me dijera qué podía cambiar para que me amara, monté un drama inútil. Ella se largó de mi casa huyendo de la peste, o sea de mí.

Me levanté del suelo para ir al baño a limpiarme los mocos y las lágrimas. Permanecí unos minutos frente al lavabo dejando que el agua corriese, luego, mojé mis mejillas, párpados y nariz.

Con las manos aún sobre los cachetes, levanté la cabeza para mirarme en el espejo. Entonces vi a Juliana y me vi a mí, compartiendo un cuerpo que ni ella ni yo ni Margarita deseamos y que ni siquiera la muerte podrá separar.

Hice gárgaras y cerré el grifo.

“Prefiero no usar etiquetas”

Alberto Chimal, escritor a secas

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Foto: Fabien Castro.

El 18 de noviembre de 2017 a las 11:35 de la mañana, Alberto Chimal cruzó la puerta del Centro Cultural Carlos Fuentes, filial del Fondo de Cultura Económica en Quito.

Aquel lugar huele a fantasmas. La casa de estilo neocolonial, terminada en 1940, fue, además de hogar del expresidente Galo Plaza (hombre tan lúcido que prefería ser futbolista antes que gobernante), sede de la Academia Diplomática y de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR).

Pocos parecen notarlo pero, con frecuencia, se escucha un ulular dentro de la casa. Tal vez solo es el viento colándose a través de una rendija, aunque nada sorprendería que se tratase de un fantasma como el de Baskerville, empeñado en espantar a los compradores de libros que importunan su descanso.

Una Catrina de Día de Difuntos, que se las había arreglado para sobrevivir a la inminente llegada de la Navidad, parecía aguardar el inicio de la charla que allí iba a liderar Alberto Chimal.

El escritor llegó con su mochila al hombro veinticinco minutos antes del inicio de su evento. Se lo veía agotado: era el tercer y último día de talleres y conferencias en los que participaba durante la Feria Internacional del Libro de Quito.

Un par de semanas antes, su libroLa ciudad imaginada” se reeditó en Ecuador con Editorial El Conejo, constituyéndose en el tercero del nuevo sello “Mademoiselle Satán”.

 

 

¿Editorial El Conejo te contactó?, ¿cómo inició tu relación con ellos?

Ellos me buscaron, lo cual les agradezco.

¿Cómo defines a La ciudad imaginada?

Es una colección de cuentos donde la ciudad y sus habitantes aparecen de diferentes maneras. Abarca cuentos escritos durante poco más de una década, y en cada país en que ha aparecido tiene un índice ligeramente distinto. Así que es un libro que se está transformando perpetuamente, más o menos como las ciudades.

¿Cómo es “la ciudad imaginada” de Alberto Chimal?

Puede tener muchas formas diferentes, puede ser intrincada y extraña, pero en años recientes, sobre todo, es menos injusta, menos desigual que las que tenemos en el mundo.

 

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Foto: Fabien Castro.

El escritor canceló en septiembre de 2017 un taller de escritura que tenía programado en Quito.

El 19, tres días antes del inicio, un terremoto de 7.1 grados de magnitud trastocó la vida de los mexicanos, en especial de los que viven en los estados de la zona central del país.

Chimal pospuso su viaje para cooperar en las tareas de ayuda a las víctimas. Sus redes sociales dejaron de lado los microcuentos y la literatura para dar paso a mensajes con pistas sobre los desaparecidos o recolección de vituallas para los damnificados.

 

Twitter, Facebook y otras plataformas han probado ser muy útiles cuando la humanidad enfrenta desastres naturales y políticos. ¿Fueron también un aporte valioso en México luego del terremoto o, más bien, contribuyeron a crear caos?

No, fueron una herramienta valiosísima. Muchas personas nos dedicamos a difundir y sobre todo a verificar información sobre las necesidades inmediatas de los equipos de rescate, incluso hubo una iniciativa ciudadana, @verificado19s, para sistematizar y ordenar la información que se iba recibiendo. Mucho de eso no se ve ahora porque los tuits con noticias y solicitudes urgentes no sólo se fechaban, sino que se borraban una vez que se satisfacía la necesidad del momento para evitar confusiones, pero miles de personas participamos en ese esfuerzo y podemos atestiguar lo ocurrido.

Alberto Chimal utilizó las redes sociales para captar la ayuda nacional e internacional, ¿cuál fue la respuesta, fue positiva?

Sí, por supuesto. Y como todas las otras personas que nos involucramos en ese esfuerzo, estoy agradecido por la respuesta que tuvimos, que fue muy positiva.

Los “trolls” usualmente aprovechan las crisis para lucrar como agoreros del desastre o jefes de propaganda de uno u otro político, ¿sucedió eso también en México?

Sí, y probablemente ocurrirá de nuevo este año, que nos tocan (ay de nosotros) elecciones presidenciales.

 

Alberto Chimal es un escritor multifacético, su prosa no evade tema alguno. De hecho, su logro más importante es que, sin importar si está narrando la historia de un crimen o de un aparecido, el lenguaje jamás pierde su fluidez y su poder de seducción: uno puede estar asqueado o fascinado por el relato, pero nunca se le ocurre abandonar el texto antes de concluirlo.

 

¿Alberto Chimal se siente escritor de literatura fantástica, de terror, de distopías o, más bien, un escritor a secas?

Escritor a secas. Me interesa mucho la imaginación fantástica en todas sus formas, pero las denominaciones a las que te refieres me resultan muy restrictivas y al menos aquí, en México, traen una carga de prejuicios culturales y de clase que han destruido las carreras de más de un colega. Prefiero no utilizar esas etiquetas o bien decir que empleo elementos de diferentes corrientes o variedades de narrativa, que a fin de cuentas es la verdad.

La explicación acerca de las cualidades de tu prosa, acaso se encuentra en los libros que lees, al fin y al cabo, el escritor es un resultado, entre otras cosas, de sus lecturas.

¿Cuáles son las predilectas de Alberto Chimal? Me refiero más a estilos que autores: ¿prefieres el ensayo, el cuento, la poesía?, ¿hay en México o fuera de allí un referente?

En tiempos recientes he empezado a leer muchos ensayos y artículos, no sé por qué. Pero lo esencial de mis lecturas sigue siendo la narrativa: el cuento y la novela. Me gustan mucho algunos autores a los que siempre vuelvo, desde Philip K. Dick hasta Jorge Luis Borges, pero siempre estoy tratando de encontrar nuevos textos.

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Foto: Fabien Castro.

Al bucear en Twitter y su página web, el lector se percata de que Alberto Chimal es un escritor muy interesado en las ventajas que ofrece la red.

No es extraño que publique microcuentos o invite a sus lectores a compartir los suyos con él y, a diferencia de otros autores, no utiliza el internet con el único objetivo de promocionarse, sino que está interesado en las posibilidades creativas y de colaboración que ofrece.

 

Alberto Chimal es muy activo en las redes sociales, especialmente en Twitter, ¿sientes que el internet está cambiando la forma de ver y entender el mundo?

Sí, y no siempre para bien. Los casos de las “burbujas informativas” y la llamada economía de la atención son muy preocupantes, por ejemplo.

Hace unos años era frecuente leer que los “e-books” acabarían con los libros de papel, sin embargo, no ha sido así. Pese a un despunte inicial en países como Estados Unidos o Inglaterra, la verdad es que las editoriales siguen dependiendo de la venta de las ediciones impresas, ¿la tendencia persistirá o, tarde o temprano, los bits suplantarán a la tinta?

Creo que los diferentes formatos convivirán y lo que cambiará será la jerarquía de las diferentes tecnologías.

¿La “web 3.0” ha minado a la literatura o, por el contrario, aporta a su desarrollo?

Creo que la comunicación digital, en principio, tendría que ser benéfica, pero también que las mayores aportaciones de la “web 3.0” a la literatura se dieron en la década pasada, cuando se asentaron las posibilidades de publicación y lectura que, a su vez, permitieron la aparición de muchas opciones nuevas para lectores y escritores. Esa época es la de innovaciones que van desde la microescritura en Twitter hasta las reseñas de libros en YouTube. Ahora la red se empieza a cerrar, entre censura de gobiernos y reglamentaciones abusivas de las grandes empresas, y el futuro es incierto.

Los blogs, Twitter y demás plataformas digitales ¿qué papel juegan en la literatura del siglo veintiuno?

Sobre todo se han convertido en parte del “ecosistema” de las relaciones sociales y comerciales en las sociedades de occidente y en mucha menor medida siguen proveyendo espacios de creación y lectura que de otra forma no existirían. Todavía no es seguro que las plataformas de hoy sigan existiendo indefinidamente, de modo que no puedo decir mucho más (aunque algunas, como Facebook, claramente apuntan a quedarse para siempre, como parte de una especie de nuevo orden mundial de entidades a-nacionales sumamente poderosas).

Los tuits, por lo general, nacen, se leen, se plagian o retuitean y luego desaparecen. En esa medida, ¿es posible convertirlos en “Literatura”, ese arte que lucha desesperadamente en contra de lo perecedero? ¿Los tuits pueden transformarse en algo más que balas efímeras de ingenio?

Claro que sí. Los modos habituales de la escritura en Twitter, igual que en otras redes, tienden a lo efímero, al gracejo rápido, pero no tiene que ser así. El medio podrá ser el mensaje, pero no viceversa.

¿Podría ser el internet ese libro de arena, imaginado por Borges, “que no tiene principio ni fin”?

Eso era la web de los años noventa. Las metáforas de infinitud y multiplicidad sin restricciones no son las que rigen las redes sociales de hoy, justamente por lo que dices en la primera parte de la pregunta anterior.

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Foto: Fabien Castro.

Al terminar la charla en el Fondo de Cultura, Alberto Chimal toma su mochila y se prepara para ir al último evento que tiene programado en Quito.

Echa un último vistazo a la pileta y al jardín del Centro Cultural. La construcción neocolonial parece empeñada en contarle los romances de los espectros que la habitan, pero calla. Su capricho es el silencio.

Poco después de que el escritor mexicano cruzó la puerta de la vieja casona, la Catrina se despegó de su altar, cayendo al suelo con violencia. El responsable de aquel suicidio quizá fue el viento que ulula de vez en cuando en los salones del Fondo de Cultura o tal vez fue el fantasma del presidente futbolista. ¿Quién sabe?

 

¿Qué proyectos tiene Alberto Chimal para el 2018? ¿Nuevos libros, viajes?, ¿tal vez algún concurso de “cuentuitos”?

Siguen los concursos de cuento brevísimo de mi sitio, Las Historias (www.lashistorias.com.mx). Además, mi esposa (Raquel Castro, también escritora) y yo estaremos publicando diferentes materiales de un proyecto de apoyo a la creación que llamamos #Escritura2018, por ejemplo en nuestro canal de video (www.youtube.com/AlbertoyRaquelMX). Aparte, en la segunda mitad del año aparecerá Manos de lumbre, un nuevo libro de cuentos, que publicará la editorial Páginas de Espuma en España.

 

El cuarto de Eddy Sackville

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Edward Charles Sackville – West, V Barón de Sackville. Fuente: National Trust.

Knole es un castillo con más de 360 habitaciones, construido al oeste de Kent, Inglaterra, y en el que se mezclan los estilos Tudor y Estuardo.  En manos de la familia Sackville desde el siglo XVI, ha sido refugio de gente relacionada, en mayor o menor medida, con el mundo del arte.

Pensando en el hogar de un noble inglés, la última imagen que viene a la mente es la de una habitación – estudio con un váter anexo tan minúsculo que al levantarse, el usuario podría partirse la cabeza.

Pues así vivía Edward Charles Sackville – West, V Barón de Sackville – o Eddy, como lo llamaban sus amigos –, dentro de Knole.

Su delicada salud lo había obligado a abandonar una prometedora carrera musical para dedicarse a la literatura, condenándolo a la pobreza y, en el mejor de los casos, a una crítica que repartía elogios superficiales para evitar la fatiga de tener que atacarlo.

Vivió acosado por las deudas y cuando Knole quedó en su poder por obra y gracia de las leyes inglesas – que se lo arrebataron a su prima, Vita Sackville – West, por ser mujer – la situación en vez de mejorar, empeoró: ahora no solo debía mantener su alma, sino la de un elefante de piedra del siglo XV.

No obstante, Eddy era un artista, no un hombre práctico, así que convirtió la torre principal del ala oeste en su cuartel creativo. Allí, pintores, poetas y toda clase de intelectuales lo visitaban para conversar o amarse, al tiempo que los billetes se esfumaban de sus cuentas bancarias.

Knole

Knole. Foto de José Luis Barrera, incorrector de estilo.

Su época fue la del Círculo de Bloomsbury y, como tal, la del desafío a la moral victoriana, la de una sexualidad sin tapujos. A pesar de eso, Eddy no pudo asumir su homosexualidad con la misma actitud desafiante de su prima y de Virginia Woolf, su amante, porque podía terminar en la cárcel.

Trasladó entonces su frustración de la cama a las páginas de los libros. La paradoja es que el reconocimiento sincero no lo obtuvo gracias a ellos, sino a la crítica musical que publicaba en los periódicos para ganarse la vida.

Con el tiempo, tuvo que abandonar Knole por la dificultad que significaba mantenerlo y fue a vivir en el norte de Irlanda, donde fallecería en 1965 mientras escuchaba un disco de Benjamin Britten.

Hoy es posible visitar su cuarto y su salón de música en la torre principal del lado oeste del castillo. En el cuaderno de visitas se encuentran las firmas Raymond Mortimer y Aldous Huxley, entre otros. Todas, personalidades atraídas acaso por un hombre que vivía para el arte – en forma de música o de literatura – y que estuvo dispuesto a jugarse el pellejo por él, enfrentando con valentía incluso al fracaso.