El Caballero

Finalmente, el Caballero se desplomó en la arena, estaba vencido, su cuerpo no podía moverse más. De la nada surgieron dos buitres que empezaron a volar en círculos sobre él. Todavía recordaba a Diotima – la mujer con la que prometió casarse –, su piel tersa, sus labios dulces y su mirada penetrante, pero todas eran imágenes nebulosas, como las de un sueño. Suspirando, hizo una plegaria y se durmió.

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El Ministerio

El señor Magog era funcionario del Ministerio de los Deseos en la República Democrática de Estulticia, su trabajo consistía en censurar y destruir cualquier clase de impulso anómalo que pudiera tener un ciudadano. Para cumplir con este fin, utilizaba una máquina diseñada por los ingenieros del gobierno, cuyo mecanismo, después de succionar al delincuente, lo convertía en fertilizante.

A minutos de la ejecución

Troppmann miró al grupo de curiosos que lo rodeaban con ironía y lástima. ¿Qué deseaban de él?, ¿por qué hurgaban en su intimidad?

— Caballero – le dijo el mismo anciano que, unos minutos antes, le había colocado las correas de cuero en los brazos –, le suplico que se siente, de otra manera, no puedo proseguir…

En una tierra sin nombre

Era una mañana calurosa, no soplaba el viento y era casi imposible respirar. Nadie caminaba por las calles, por lo que el pueblo daba la impresión de estar abandonado. Me dirigí al único bar de la localidad y encontré en éste a la mayoría de los hombres del pueblo, que habían acudido en busca de sombra y de una bebida fría; de hecho, la barra y todas las mesas estaban ocupadas.