Muertos de risa

— … Y el gato saltó mientras el bombero se caía de la cornisa – concluyó el doctor Sabludowsky, echándose a reír.

El resto de los invitados lo contemplaron sin comprender; el chiste era realmente malo. Hubo un par de cuchicheos que seguramente alababan los dotes humorísticos del inefable médico, pero, por lo demás, la sala estaba en completo silencio.

Suele suceder…

La crónica de julio suena a una fusión de salsa y réquiem, suena a apostasía. Es una crónica gonzo que tal vez jamás debió ser escrita porque tiene el poder de abrir llagas ya clausuradas…