BiblioRecreo: el bus que promueve la lectura (II)

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El bus del BiblioRecreo se encuentra en el parqueadero externo del Centro Comercial El Recreo, al sur de Quito.

“El BiblioRecreo fue concebido como una biblioteca que funcionaría para el deleite de la lectura”. Así define Claudia Bugueño, actual encargada, a un proyecto que ha roto esquemas dentro del mundo de lectores quiteños.

La biblioteca empezó a operar en octubre de 2013, pero decidieron convertir al 23 de abril, Día Internacional del Libro, en su fecha de cumpleaños oficial.

La iniciativa fue del Centro Comercial El Recreo con el apoyo del Estado a través de la Casa de la Cultura Ecuatoriana “Benjamín Carrión”. Entidad que entregó, en comodato, el bus Ford de los años setenta en el que ahora hay cientos de libros y un nuevo tipo de viajeros…

“El objetivo principal de la biblioteca es incentivar la lectura, poniendo énfasis en los primeros lectores, además de acercar, con libros, un mundo de sueños a nuestros clientes”, explica Marienela Berrazueta, administradora general del centro comercial.

Dentro del bus no hay descanso. Las bibliotecarias acomodan libros, los recomiendan, llenan fichas, redactan publicaciones para la fan page de la biblioteca en Facebook y hasta toman fotos para los carnés de los nuevos usuarios.

Los sábados, a media tarde, es frecuente que el bus esté abarrotado como en el tiempo en que era un medio de transporte. La temperatura aumenta. Por aquí o por allá, el visitante se cruza con un lector empeñado en llevarse Los diez negritos de Agatha Christie, otro que pide recomendaciones de autores ecuatorianos de ciencia ficción y hasta con una chica colorada que escarba entre las estantes buscando amores vampíricos.

Nadie juzga. Todos leen lo que quieren y son felices con sus libros.

“BiblioRecreo es un espacio cultural que incentiva la lectura y un punto de encuentro seguro que pone al alcance de todas las personas, en especial niños y jóvenes, los títulos literarios más destacados bajo el formato de estante abierto sin que los costos sean un limitante”, continúa Marianela Berrazueta.

Las estadísticas del BiblioRecreo están plagados de datos sobre el público capaces de aniquilar cualquier prejuicio. Por ejemplo: en el sur de Quito sí hay lectores, las mujeres son las que más leen y los adolescentes tienen interés en la lectura.

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Para Erika Guevara, una de las usuarias más frecuentes del BiblioRecreo, el secreto de la atracción que ejerce la biblioteca sobre sus usuarios es el ambiente acogedor y la variedad de géneros que se pueden encontrar.

Juan Romero Vinueza, poeta y lector, está de acuerdo con que la variedad es una de las cosas que le gustan, pero el hecho de que sacar un carné cueste menos de diez dólares al año y que, con él, se pueda acceder a cualquier libro y llevarlo a la casa por una semana, es crucial.

Él llegó al BiblioRecreo desde el norte de Quito, a bordo otro bus y recomendado por el escritor Adolfo Macías, quien fue uno de los autores invitados a la biblioteca.

“Alguna vez, en una conversación que tuvimos (con Adolfo Macías), estábamos hablando sobre las bibliotecas en Quito y (sobre) que casi todo estaba concentrado en la Universidad Católica, la San Francisco o en el Centro Cultural “Benjamín Carrión”, pero que no había más opciones que tuvieran cosas interesantes. Claro, está la de la Universidad Central, pero a su biblioteca no la han renovado hace mucho tiempo, sobre todo en el área que me interesa, que es la literatura. Adolfo me dijo que había un bus blanco en el Centro Comercial El Recreo que tenía cosas muy interesantes. Me recomendó que lo visitara para que lo viese con mis propios ojos.”

Pese a que los jóvenes son el público más numeroso, no es extraño encontrar gente de otras edades y ámbitos: amas de casa o profesionales de áreas tan distintas como las matemáticas y el arte.

Uno de ellos, Ramiro Castro es profesor y uno de los usuarios más antiguos:

“Me enteré (de su existencia) por publicidad dentro del Centro Comercial antes de que abrieran. La verdad es que estaba muy impaciente porque me pareció una idea genial. Ha superado mis expectativas”.

Al igual que otros lectores, el ambiente acogedor y la facilidad para sacar libros son las cosas que más le atraen, pero hay otro detalle: BiblioRecreo no es una institución acartonada que se dedica exclusivamente a prestar libros, sino un lugar en el que los lectores pueden interactuar e involucrarse en diversas actividades como talleres, sesiones de cine, clubes de lectura.

Ramiro Castro y Juan Romero Vinueza tuvieron la oportunidad de pasar del papel de usuarios al de expositores.

“La interacción con el público de esta biblioteca es distinta a la de otros lugares donde participé en talleres. En general, hubo gente bastante joven y que estaba interesada en la poesía, pero que no tenía una idea muy clara de qué era ni cómo se comía eso. No obstante, lo más interesante, para mí, fue que allí no importa quién eres (es decir, si se trata de un escritor consagrado, uno novel, un profesor o lo que sea), hay que ganarse la atención”, cuenta Juan Romero, quien dirigió, el 17 de marzo de este año, un taller sobre lenguaje poético a bordo del bus.

“Intenté que no sea tan ‘magistral’ el taller, sino que mediante las lecturas, los mismos asistentes lograsen obtener una perspectiva de lo que había pasado con la poesía en esos años. No fue una cuestión extremadamente teórica, sino más bien una aproximación lectora a las obras en sí, un acercamiento – el primero, en muchos casos – a textos que, a mi parecer, fueron notables en la primera mitad del siglo”.

Por otro lado, Ramiro Castro saltó al ruedo en el “CinEncuentro” de mayo, evento que busca atraer nuevo público lector a través de la exhibición de películas inspiradas en obras literarias. Comparando ambos lenguajes, el de las imágenes y el de las palabras, se pretende desarrollar el gusto por el arte y una comprensión más profunda de los libros.

Usualmente esta actividad ha contado con invitados que van desde escritores hasta blogueros, pero en esta ocasión se ensayó algo distinto: invitar a uno de los espectadores a convertirse en moderador.

Ramiro Castro se sintió satisfecho con el resultado: el público le abrió los brazos y fue una experiencia nueva y grata.

BiblioRecreo no es una biblioteca ordinaria como aquellas que se ven en las películas antiguas. No hay un mostrador separando a bibliotecarios del público y tampoco empleados con mandiles negros de polvo. Lo que sí hay es estantes expuestos para que la gente pueda manipular los libros a su gusto.

Además, si bien es cierto que su primer objetivo apunta al préstamo de libros, la gestión cultural es clave. Claudia Bugueño es asidua en ferias y demás actos culturales.

Igual que un cazador, busca una nueva presa que pueda llevar sus conocimientos a la biblioteca,  promoviendo talleres, charlas o incluso la presentación de nuevas obras.

“En el BiblioRecreo, los escritores van a cautivar a sus futuros lectores, no tienen conocidos ni está a su alrededor el mundo literario e intelectual que siempre los sigue, simplemente se encuentran frente a potenciales lectores y punto. Por tanto, para ellos resulta un reto también”.

Clau BusLEA LA ENTREVISTA COMPLETA A CLAUDIA BUGUEÑO SOBRE EL BIBLIORECREO DANDO CLIC EN ESTA FOTO…

La imagen de la biblioteca le ha abierto puertas, los autores van gustosos y se despojan de sus medallas para hablar con gente que no necesariamente los conoce, sobre todo, en un país que, como dice Claudia, los autores locales no atraen porque se los promociona poco.

Álex Vicente es otro usuario antiguo. Llegó al BiblioRecreo al poco de que empezara a funcionar por una tarea del colegio. El proyecto entonces estaba liderado por Adriano Valarezo, quien es un gran conocedor de literatura y cuyas recomendaciones atraparon a un buen porcentaje de gente.

“La primera vez que llegué fue una experiencia muy interesante. No había visto en años una biblioteca con tantas novedades, una amplia selección de libros, además del servicio de préstamo a domicilio y la gran personalidad de Adriano, un hombre muy preparado que supo desde el inicio darme grandes recomendaciones que hicieron que siempre desee volver.”

Sobre aquella época, la bibliotecaria más antigua, Sonia Ortega, explica que la iniciativa surgió gracias al ingeniero Mantilla, dueño del C. C. El Recreo, quien es un conocido amante del mundo de los libros. Luego, la Casa de la Cultura entregó el bus y el centro comercial se esforzó por darle una segunda vida.

Claudia Bugueño apunta a que una de los principales logros de Adriano fue la capacidad para elegir el fondo de libros adecuado, lo que implica tener un conocimiento amplio de literatura y además arriesgarse, toda vez que era imposible conocer de entrada cuáles iban a ser las lecturas capaces de provocar interés. Además, con su mística de trabajo, pasión y conocimiento, atrajo a mucha gente.

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Sonia Ortega es la bibliotecaria más antigua. Antes trabajó en la extinta librería “Libro Express” (Q.E.P.D.).

Según Claudia, la tarea de ahora es distinta: se trata de una etapa de consolidación, la biblioteca ha dejado de ser una novedad y, por lo mismo, ya no atrae tanto a los medios y al nuevo público, así que requiere un esfuerzo especial.  “Hoy, mi función es sostener el proyecto y hacerlo crecer”.

Para cumplir con esto, se procura descentralizar las funciones, evitando que todo dependa de una sola persona y se prepara a las bibliotecarias para que respondan a cualquier necesidad que se presente. Al fin y al cabo, “la gente no es eterna en las instituciones y lo que debe prevalecer es el proyecto por sí solo, de modo que la biblioteca siga funcionando aunque hayan salido una, dos o más personas”, dice Claudia.

En los últimos meses, el BiblioRecreo se dividió en dos áreas: la infantil y la de adolescentes y adultos, esta última permanece dentro del bus, mientras que la otra se ha mudado al centro comercial, a pocos metros de uno de los patios de comidas.

Allí, una nueva camada de bibliotecarias se esfuerza por atraer a los más pequeños. “A diferencia del otro Biblio, aquí la gente no se queda mucho tiempo y rara vez se lleva los libros, pero hay mayor afluencia, especialmente los fines de semana”, según Gina Ruiz, una de las encargadas de esa sección.

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El neonato BiblioRecreo infantil, dentro del Centro Comercial El Recreo.

Ella, como Claudia y Sonia, fue librera antes y tiene alguna experiencia en recomendar, aunque admite que es muy distinto el ambiente. “Aquí no hay la presión de vender, lo que importa es que la gente disfrute de su lectura y que se relacione con los libros”.

Gina menciona que uno de los esfuerzos en los que el BiblioRecreo se encuentra empeñado es su articulación con la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible de las Naciones Unidas. La idea es convertir a las bibliotecas en grandes emporios de conocimiento para que el público pueda capacitarse y enfrentar los desafíos de una sociedad mucho más compleja con problemas ambientales, sociales y económicos.

Claudia Bugueño dice que el BiblioRecreo es la prueba de que se puede hacer un trabajo conjunto entre Estado y empresa privada para promover la cultura. No es cierto que a ellos no les interesa la gente, es solo que falta gestión y acaso aquello es responsabilidad de los propios actores culturales, quienes no comprenden que “si la comunidad no viene a uno, hay que salir en su búsqueda, tratando de fomentar redes de apoyo sostenible con educadores, directores o autoridades que representen al mundo educativo o que estén destinados a hacer políticas públicas para mejorar el nivel de educación y cultura en el país”.

Mientras registra una pila de libros recién devueltos, Claudia explica, casi como si estuviese hablando consigo misma, que su objetivo es establecer parámetros de calidad, de manera que si otra persona llega a encargarse, podrá entender sin problema todos los procesos, pero sobre todo procurando “hacer de la biblioteca un lugar en el que la gente se sienta cómoda, acogida, respetada y escuchada”.

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